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Una gota de cal se divisa a los pies de las Sierras Blanca y Parda, en pleno Parque Natural de la Sierra de las Nieves; a medida
que la distancia se acorta, se descubre la villa de Tolox. A pesar de su larga
historia, que contó con pobladores en el Neolítico -según lo demuestran los
restos arqueológicos hallados en la Cueva de la Tinaja-, el paso de los árabes
ha dejado una huella particular en las tierras toloseñas. Las calles sinuosas,
pendientes, las acequias para conducir el agua que procede de las nieves
recuerdan que, alrededor del 883, Tolox se convirtió en una gran fortaleza, a
una altitud de 316 metros. Y los muros de esta fortaleza, los Montes de Tolox,
que desde 1989 fueron declarados Parque Natural.Un paisaje montañoso que toma su nombre del color de la tierra. El valor ecológico del término municipal de Tolox es incalculable y se hace imprescindible para conocer un poco más a sus habitantes. Los toloseños son conscientes de su patrimonio natural, la reliquia de los bosques: el pinsapo; los árboles milenarios que forman el Quejigal; todo esto regado por tres ríos, entre ellos Río Verde, que abastece de agua a la Costa del Sol.
Unos 3.100
toloseños, que viven en su mayoría del cultivo de la naranja y la aceituna,
aunque durante los meses de verano el Balneario de «Fuente Amargosa» constituye
uno de sus principales atractivos. Hasta Tolox peregrinan cada año numerosos
visitantes en busca de las aguas de la fuente Amargosa, tantos que la población
llega a duplicarse. Unas aguas cuyas propiedades se descubrieron a finales del
siglo pasado, recomendadas para las enfermedades de bronquios y riñón.
Y si la calidad de las aguas contribuye a la curación, lo hace igualmente la vegetación y la lejanía de la contaminación. Estos visitantes podrán entonces disfrutar de la Plaza de los Poyos o de la Rinconada del Castillo, conocida como «Los Uanillos». Rincones de Tolox que transcurren bajo túneles y que conservan la tradición morisca. Unas calles que serán testigos allá por el mes de agosto de la «Cohetá», una procesión en la que se lanzan más de 60.000 cohetes coincidiendo con la Feria de San Roque, el patrón de Tolox, que custodía al pueblo desde su ermita.
La vida de un
pueblo que gira en torno a la sierra. De allí se extrae el esparto y la pita,
con los que se fabrican trabajos de artesanía, las pleitas para las esteras, las
cestas y tantos otros objetos de uso cotidiano. Unas labores en las que emplean
el tiempo libre y que desde muchos años atrás han sido siempre el único descanso
para la gente del campo.
En Tolox la tierra tiene el color del principio de los tiempo. Rodeada de sierras calizas, esta villa se alza sobre la afloración de peridotita volcánica más grande del mundo, recuerdo de cuando el planeta era humo y fuego. Los toloxeños son conscientes de ellos y saben que por encima de tartesos, fenicios, romanos y árabes, que por aquí pasaron, es la tierra la que debe dictar sus pasos. De esta tierra de la que brota el agua medicinal que nutre el balneario de Fuente Amargosa, remedio de muchas afecciones y milagrosa a la hora de tratar bronquios y riñones.
Y también en esa tierra en la que crecen los ancestrales pinsapos y los milenarios quejigos, por la que corretean las cabras montesas y sobre la que vuela el águila real. Tierra que se alza hasta el cielo en el pico Torrecilla y que se hunde a los abismos en la sima GESM o en la cueva de la Tinaja, en la que se han encontrado restos prehistóricos. Tierra, en fin, que proporciona la vida, el alimento y la materia prima para la artesanía del esparto, palma y pita, de la que saldrán esteras, cestas y tantos otros objetos de uso diario.
Por eso, en su feria de agosto, el pueblo honra a la tierra y al patrón con la Cohetá, y cuando el eje del planeta se vence hacia el solticio de verano, verde la almendra y mustia la violeta, se come el exquisito pan de higo pintao y la sopa tolita y muchos otros platos que calientan el cuerpo el Día de las Mozas, en diciembre, en Carnaval o en Semana Santa. Porque en Tolox la tierra tiene el color a vida.
El municipio de Tolox, pese a formar parte de la comarca del Gualdalhorce a la que vierten la mayor parte de sus tierras, posee dentro de su término uno de los espacios más significativos de la Serranía de Ronda: el territorio comprendido entre el Puerto de los Pilones y el Pico de la Torrecilla (1918 m.). Aquí, a los importantes hitos paisajísticos del mencionado pico y del Cerro de la Alcazaba, se une la presencia de unos quejigos centenarios milagrosamente adaptados a las duras condiciones climáticas del lugar.
Todo ello configura un paraje que, cuando la nieve hace acto de presencia, se convierte en uno de los principales atractivos naturales de nuestra provincia. No es el único punto de interés que en este sentido presenta el municipio de Tolox, ya que al norte de su territorio la sierra baja en profundos tajos, primero por la Cañada de las Carnicerías y más adelante por el río de los Horcajos, entre bosques de pinos que parecen colgados de las laderas.
Y una vez en el pueblo, el paisaje vuelve a ser montañoso camino arriba del valle del río de los Caballos, para asomarse entre pinares por el puerto de las Golondrinas a la imagen más espectacular y majestuosa de la Sierra de Tolox, coronada por el Pico de la Torrecilla.
Al salir de la sierra los barrancos y torrenteras dan paso a un relieve alomado cubierto de olivares, que cuando se hace más suave cambia por campos de cereal y cuando baja hasta las llanuras de las riberas de río Grande es paisaje de huertas de hortalizas y frutales que van en busca del Guadalhorce.
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Periódico Digital Independiente del Valle del Guadalhorce:
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