Noticias del Valle del Guadalhorce

Cártama, más conocida como el Valle del Limón, ha sido a través de los tiempos un pueblo fronterizo, gracias a lo cual ha contado con asentamientos celtas, romanos y árabes, que han dejado entre los vecinos la huella de la hospitalidad. El paso del río Guadalhorce ha hecho posible el crecimiento de una población diseminada a lo largo de ocho núcleos urbanos.

Cártama en Internet


Hace dos mil años, el principal camino para acceder desde la provincia de Málaga al interior de la Meseta era un poblado ibérico que, a pesar de carecer de denominación concreta, algunos llamaban Cartha; más tarde fue conocida por el nombre romano de Cártima, y finalmente, durante la época medieval, adoptó la forma actual, Cártama, de origen musulmán. Los caminantes y jinetes que, guiados por las orillas del río Guadalhorce, se dirigían a los lugares más recónditos de España hacían las primeras paradas en esta localidad, donde fondeaban gracias a la hospitalidad reconocida de sus habitantes.

Cártama fue hospedaje de celtas gracias al control que ejercían sobre sus ricas minas, hoy perdidas y olvidadas. También dejaron su huella los romanos, por más que no existan datos que corroboren el paso de sus soldados por estas tierras, ya que se conservan importantes restos de estos conquistadores, como el arco romano que se encuentra en la zona conocida por el Santo Cristo, y que recientemente fue visitado por manos expertas que restauraron las piedras que lo conforman.

CAUCE DE RELACIONES. La importancia de este enclave se mantuvo durante un largo periodo, especialmen te durante la dominación islámica, ya que resultaba ser una gran fortaleza de paso hacia la capital, Málaga. Según cuentan los historiadores, mientras se mantenía fiel a los omeyas impidió eficazmente que Omar ben Hafsum, llegado desde Álora y entonces dueño de Andalucía, pudiera añadir la perla malagueña en sus innumerables con quistas.

Cártama, debido a su situación en la zona media del valle fluvial, se constituyó en un constante cauce de relaciones comerciales y culturales hacia todas las direcciones, incluso como enlace con Ronda y Antequera. Su término municipal, que forma parte de la conocida hoya de Málaga, cuenta con tierras muy fértiles y abundante en aguas de regadío, ya que se sitúa en la terraza fluvial inferior a los cien metros, que sólo superan algunas colinas de la zonas conocidas como Casapalma y los Pechos de Cártama.

Asimismo, hasta la fecha se han descubierto importantes sendas ibéricas que atravesaban el valle en dirección a Anticaria, recorriendo los núcleos urbanos de Iluro -cercanías de Álora-, Nescani -Valle de Abdalajís- y unas importantes ruinas ibero-romanas del cortijo del Castillo. Además, los hallazgos de cerámica ibérica en Cártama, Soto Moro, Casapalma, Arroyo del Chumbo y en las faldas del cerro del Castillo de Álora demuestran que era la vía de penetración en época ibérica, ya que aprovechaban la margen derecha del río Guadalhorce.

Según un estudio del cartameño Francisco del Pino Roldán, Cártama fue objeto de numerosos romances fronterizos, especialmente los que cuentan el de una joven del pueblo, Jarifa, que en la actualidad da nombre a una de las calles, y el mozo ilustre Abencerraje, como ocurrió con Zaide y la Bella Zaida, personajes que hicieron populares hasta el propio Cervantes. Juan Timoneda, nacido en Valencia, escribió en 1573: «En Granada fui nacido de una mora de valía y en Cártama fui criado por triste ventura mía», romance que forma parte de la «Rosa de romances» y que alude al encuentro del alcaide de Antequera, Rodrigo Narváez, con Abindarráez. En la misma época, y como protagonista Don Rodrigo, este escritor valenciano, conocido como El Patrañuelo, escribió estos versos: «Cuando nascí, cuitado, luego mi padre me envía para que criado fuese en Cártama, aquesa Villa». Años más tarde, y siguiendo con el romance surgido en tierras cartameñas con Jarifa de protagonista, Lucas Rodríguez escribió:

«Crióse el Abendarráez en Cártama, esa alcaidía hasta fue de quince años con la hermosa Jarifa», para más tarde reconocer que el amor fratemal de los personajes se transformó en un romance apasionado, al igual que hiciera el jiennense Pedro de Padilla en 1583.

Gracias a las batallas que hacen posible que estas ilustres plumas hagan de transmisoras para el pueblo a través de sus espléndidos versos, Cártama cuenta con una fortaleza árabe, que a pesar del mal estado en el que se encuentra debido al paso del tiempo y al reprobable olvido de sus vecinos, tiene a sus espaldas numerosas historias de personajes ilustres y anónimos que han pasado por épocas de hambre y sangre y también de grandes glorias y triunfos. Durante la existencia del Reino de Granada, del que formaba parte Málaga, era costumbre la localización de importantes puntos estratégicos donde se construían alcazabas como la de Cártima, que cuidaba con especial esmero la defensa de su capital.

DEFENSA. Tal como se estableció en la época, de las partes más sensibles de Málaga la zona más frágil era el Guadalhorce, posible vía de penetración de los enemigos a través del curso del río y sus afluentes, por lo que levantaron y reconstruyeron numerosos castillos, formando casi círculos en torno al punto final: Cártama, cuya misión era vigilar el curso final del rio y su fértil vega, como reconoce María Dolores Aguilar García en su colaboración en la obra «Cártama en su historia».

Como en otros casos, la fortaleza, de estructura puramente militar ofrece pocos aspectos estéticos, dada la funcionalidad del espacio. Las notas artísticas, aunque escasas, se podían apreciar en sus proporciones la armonización de su volumen y su estrecha relación con el entorno natural, la colina de Cártama, que hacía posible que la fortaleza pudiera camuflarse entre el terreno. Gracias a la pronunciada pendiente donde se ubica, los árabes pudieron garantizar su defensa, que además fue reforzada por la construcción de torres de diferentes plantas y solidez, de acuerdo con el carácter abrupto del enclave.

Desde su parte más alta se divisan el este y el oeste, que coincide con el curso del río Guadalhorce. Hoy día, los habitantes y, cómo no, sus numerosos visitantes, pueden disfrutar de una panorámica completa de todo el entorno, principalmente de la vega, aunque, según comentan algunos vecinos, desde hace algún tiempo se ha perdido el interés por este enclave. Aún se conservan restos del pasado glorioso de la fortaleza, poblada por 204 habitantes que en muchas ocasiones carecían de abastecimiento de la guarnición durante algunas jornadas.

MOSAICOS. Cártama ha sido objeto de numerosos hallazgos históricos y culturales, como los mosaicos. El primero de ellos evoca la figura mítica de Hércules, que podría datar del siglo III, encontrado en los primeros meses de 1858 en una casa de la calle Concepción, esquina a la del Padre Navedo; y que pertenecía al marqués de Casa Loring. Un autor resume así su significado: «El de Cártama es el mejor de los pocos que se han encontrado en España y puede sostener la comparación con los más apreciados de fuera de la Península».

El segundo de ellos, de carácter mediterráneo y que contaba con la figura de Afrodita navegando en una con cha y protegida por un velo, fue descu bierto en enero de 1956, casi por casualidad, mientras se realizaban unos trabajos de construcción en la casa número 94 de la que se llamaba calle de Abajo, hoy conocida como González Marín. Ambos objetos, de gran valor histórico y documental, se encuentran en diferentes museos nacionales y constituyen uno de los mayores orgullos de sus vecinos... a pesar de no tenerlos cerca.

Sin desviar la vista de la colina, donde se halla la fortaleza, se observa un serpenteante y empinado camino que atraviesa la línea inferior de la muralla. El acceso conduce a una pequeña capilla en la que destacan un atrio, una torrecilla y el camarín, que se adosa al cuerpo de la nave y que se convierte en el rasgo más destacado de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, uno de los puntos de referencia para los peregrinos de toda la provincia y seña de identidad de todo un pueblo. Hoy, además, en el templo destaca una espadaña campanario de una sola pared en la que hay unos huecos para colocar la campana, que pudo ser construida en el siglo XIX ya que resulta desmesurada en relación a las proporciones de la ermita de la que hasta el momento no se ha confirmado la fecha de su construcción.

Sin embargo, algunos expertos,como la historiadora Rosario Camacho, aseguran que el templo podría datar de 1493. Su construcción se relaciona con una leyenda, que hoy es aceptada por los fieles que acuden a menudo a ella, similar a la de otros pueblos de la pro vincia, como la ermita de la Fuensanta de Coin: junto al castillo tuvo lugar la aparición de una pequeña imagen ante un pastor, y que determinaría la ubicación de la ermita, que en 1579 adoptó el nombre de la Virgen de los Remedios, después de procesionar la imagen durante una epidemia de peste y que se le atribuyeran grandes remedios en la población.

Cada 22 de abril la Virgen es trasladada a la parroquia de San Pedro Apóstol, donde permanece hasta el primer domingo de junio y recibe más asiduamente el homenaje de los vecinos. Hasta que llega el día grande, 23 de abril, cuando se procesiona la imagen mientras participa el pueblo entero en una ceremonia en la que entre oracio- nes, cánticos, gritos de entusiasmo, velas y cohetes, junto a una lluvia de pétalos, el espacio humano se transforma en un gran escenario religioso cargado de emociones.

Según cuentan los vecinos, durante un año la Virgen fue sustituida por otra imagen que la imitaba. No se trataba de una profanación, sino del plan del artista y recitador de versos José González Marín, que decidió llevarse la imagen auténtica en un viaje a las Américas para salvaguardar «a la que remedia los males de infinidad de feligreses de la provincia», como apuntan algunos mayores del municipio que aseguran haber sido sanados por su intercesión, o haber encontrado trabajo. Pero González Marín no sólo pretendía que otras personas tuvieran la oportunidad de contemplar su belleza y sus poderes, sino que pretendía salvarla de los actos vandálicos que se sucedían durante los días de la guerra civil española.

CASCO ANTIGUO. El trazado del casco antiguo de Cártama continúa por el Pilar Alto, una de las zonas más antiguas de la localidad, donde se encuentra un manantial natural en el que las mozas acudían a lavar las ropas y donde cada día se relacionaban mujeres y hombres, y que ahora se ha convertido en una fuente de agua potable para que residentes y viajeros sacien su sed tras visitar a la Patrona de la localidad. Tan sólo unos metros más abajo se ubica la plaza de la Constitución, donde se halla actualmente el Ayuntamiento del municipio. Se trata de un espacio que a lo largo de los años ha visto cómo su fisonomía se ha transformado en numerosas ocasiones, pero muy pocas veces por mor de los cánones arquitectónicos de sus épocas: los cambios han coinc dido más bien, según sostienen los vecinos, con los sucesivos cambios de gobierno, sobre todo desde la Segunda República y en lo sucesivo. El entorno cuenta con una imagen más acorde con los años 90, «aunque demasiado modérno», dis crepa Antonio, un vecino dé 70 años que ha visto la progresión de la plaza a lo largo de su vida.

Fue en este mismo enclave conocido antiguamente como la plaza de Arriba, a través de unas excavaciones en 1751, concretamente en la parroquia colindante, donde se encontró una columna, que al parecer formaba parte del templo hallado años antes en el terreno del Pilar Alto, junto a una cruz de piedra que fue denominada por el entonces párroco como Cruz de Humilladero. Con el tiempo, ambos elementos se instalaron en la entrada de la villa en el camino de Málaga, que fue descrita por el historiador Rodrigo Amador de los Ríos como «hermosa columna romana,de almendrado y grueso fuste de dos piezas, y bello capitel corintio», en la cual se colocó una cruz de hierro a principios de este siglo, que inicialmente se pudo contemplar en la plaza del Ayuntamiento, donde algunos habitantes consideran que «debe ser su sitio».

Y como ocurre en los típicos pueblos andaluces, la iglesia parroquial, en esta ocasión en honor a San Pedro Apóstol, se encuentra ubicada en plena plaza de la Constitución. Según cuenta María Dolores Aguilar, este templo fue inst tuido en mayo de 1505 por el arzobispo de Sevilla, don Diego de Deza, en Segovia, y fue construido en un solar de 160 fanegas. Se trata de una iglesia con tres naves, separadas por pilares que sustentan arcos de medio punto, cubiertos con armadura de madera y a cuyos pies se encuentra el coro, que conserva su solería original. En la nave izquierda se encuentra el Nazareno de vestir, cuya imagen, que data del siglo XVII, es la única que no tuvo que ser sustituida tras los destrozos de la guerra civil, mientras que en la nave lateral se halla un camarín rectangular que acoge a la Virgen de la Inmaculada.

Sin salir del pueblo, dos calles más abajo se encuentra el teatro González Marín, en honor al que fuera personaje más emblemático y reconocido en la localidad. Nacido en Cártama el 28 de abril de 1889, fue uno de los recitadores de versos más conocidos de su tiempo. En mayo de 1905 llevó a cabo su primera actuación artística en el teatro Cervantes, donde encarnó el papel de Rodamantos en la obra cervantina «El Quijote». Actuó en la compañía de doña Maria Guerrero por el año 1914. Por motivos de salud, y tras triunfar en Madrid, se instaló en su tierra natal, donde en 1935 fue nombrado hijo predilecto. El 31 de mayo de 1956 falleció en su casa, donde vivía retirado desde 1950, «con gran sentimiento popular en numerosos lugares, desde donde se envían testimonios de sincera condolencia a sus familiares», según narra Francisco del Pino.
El edificio que lleva su nombre, inaugurado en 1942 y que se encuentra en pésimas condiciones desde que se cerró en los años 60, fue uno de los focos de cultura más importantes de la comarca, ya que durante los años en los que se mantuvo abierto fue escenario de numerosas obras teatrales y actos y donde se daban cita diferentes compañías teatrales de la provincia durante más de 30 años. Ahora, tras numerosas peticiones de grupos de vecinos del pueblo, está prevista su restauración.

Tan sólo hay que viajar un par de kilómetros para encontrar la Estación, barrio que nació y se consolidó alrede dor del río Guadalhorce y sobre el cual, como enclave de bienvenida, se encuentra un puente de hierro que se construyó en 1928. Su historia se remonta al momento en el que se llevó a cabo el Plan del Guadalhorce que el Gobierno de Primo de Rivera elaboró con la intención de controlar las creci das del caudal y crear nuevas tierras de regadíos mediante la introducción de canales de riego. La obra, que fue adju dicada a Rafael Benjumea, a la sazón ministro de Fomento y conde de Guadalhorce, consiguió unir Cártama con la campiña a la altura del cortijo de Venta Romero, situado en las cercanías de la estación de ferrocarril y donde se consolida la creación de un nuevo núcleo urbano, la Estación, y donde se encuentra la parroquia de San Isidro Labrador, que data del siglo XIX.

Cártama agrupa en la actualidad ocho núcleos -Cártama Pueblo, Doña Ana, La Ampliación, El Sexmo, La Estación, La Aljaima, Loma de Cuenca y Gibralgalia-, todos ellos nacidos a orillas del río y que a pesar de las distancias que los separan y de sumar casi 13.000 habitantes siguen manteniendo el espíritu hospitalario de sus antepasa dos.

Otra visión de Cártama

Si variada es esta tierra, más diversa es la historia de sus pobladores, ya que la zona fue ocupada por íberos, tartesos y fenicios y que con los romanos alcanzó gran esplendor. Fueron los fenicios los que dieron el primer nombre conocido al primitivo asentamiento, CARTHA, ciudad oculta o escondida. Más adelante, los romanos la llamarían CARTHIMA, convirtiéndola en municipio en el año 195 a. C. y dotándola de poderosas defensas. Durante el periodo romano fue una de las principales poblaciones de la actual provincia de Málaga y su territorio tuvo que estar muy poblado a juzgar por los numerosos yacimientos descubiertos. Fueron famosos los baños de Carthima, que tenían propiedades curativas.

La huella de esta época se puede ver en la columna romana con Cruz de Humilladero, colocada a la entrada del pueblo por los mismos habitantes en 1.752, y que actualmente sigue dando la bienvenida a los visitantes de Cártama. También se pueden visitar varios Arcos Romanos de canalización de agua, uno de ellos, situado en el casco urbano del pueblo.
De la época árabe, además de su trazado de calles estrechas y empinadas, aún quedan huellas: las ruinas de su Castillo - Fortaleza y parte de su reciente amurallado, así como el Alminar de su antigua Mezquita (hoy Torre de la Iglesia). El Castillo, que data del siglo X, se asienta sobre una agreste cumbre desde la que se domina el territorio circundante, disfrutándose actualmente de grandes vistas panorámicas, en su época su situación hizo que se convirtiera en uno de los principales baluartes de la defensa de Málaga. En 1.485 el castillo de Cártama fue tomado por las tropas cristianas. El acontecimiento fue inmortalizado por los tallistas en los bajorrelieves del Coro de la Catedral de Toledo.
 
Tras la conquista de Cártama por los Reyes Católicos, se levanta, en su Plaza, la Iglesia de San Pedro, que data del año 1.502, construida sobre la antigua Mezquita. El edificio se compone de tres naves separadas por pilares rematados por arcos de medio punto donde se mezclan elementos góticos, mudéjares y renacentistas, que la hace digna de ser observada.
Pero el edificio más significativo de Cártama es la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, situada en el Cerro de la Virgen, fue construida en el siglo XVII sobre otra original del siglo XV, de cuya época es también la imagen de la Patrona de la localidad. Esta Ermita es de una sola nave, donde destaca el Camarín, que es la pieza fundamental del conjunto arquitectónico que tiene planta hexagonal y bóveda de seis paños y decoración con pinturas de aves y flores en zócalos y pilastras.
La gastronomía de Cártama está basada en los productos típicos de la tierra. El plato tradicional es la "Sopa Cachorreña" , también destacan: "Sopa de tomates con papas", "Sopa de espárragos, gazpacho, chacinas y como dulce típico la "Torta Cartameña".
•  Feria de Abril: El 22 de abril se celebra la Bajada de la Virgen de los Remedios desde su Ermita, situada en el Cerro, hasta la Parroquia sita en el pueblo. El 23 de abril es fiesta local y se celebra la solemne Procesión de la Patrona de Cártama "Nuestra Señora de los Remedios".
•  Feria de Septiembre.- por San Miguel, Feria de Ganado, de gran tradición y única en la zona.
•  San Isidro Labrador: el 15 de mayo, en la Estación de Cártama, Romería con carrozas y caballos junto a la ribera del Río Guadalhorce.
•  Fiesta de las Tres Cruces: El 1 de mayo encuentro de Verdiales entre los pueblos de Alora, Pizarra, Almogía y Cártama en la Ermita de las Cruces, en la delimitación del municipio.
•  Fiestas de San Juan, el 24 de junio, en la Sierra de Gibralgalia.
•  Fiesta en la Barriada El Sexmo: el 12 septiembre.
En el folklore tradicional de Cártama, destacan los Verdiales. Los Pechos de Cártama, forman parte de la Comarca verdialera, incluso parece ser que antiguamente, hubo una variedad de este fenómeno musical, al que se le daba el nombre de "Verdiales Cartameños".
La presencia del ríoGuadalhorce y el respaldo de las sierras aportan la posibilidad de recorrer el municipio y disfrutar de sus paisajes pintorescos en contacto directo con la naturaleza: Río Grande, Aljaima, Parque Ribera delGuadalhorce, Las Viñas, Los Pechos ...


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