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Pizarra en Internet

Aguas abajo, siguiendo el curso natural del río hacía la mar y a 9 kilómetros de Álora, 15 de Cártama y 30 de Málaga, se halla la localidad de Pizarra, de corta pero fecunda historia. Muchos pueblos cuentan con un largo y dilatado pasado y, sin embargo, nada especialmente destacable ha ocurrido en su seno. No es el caso de esta villa, que, impúbera, con tan sólo 75 años de edad, acogió en su término una conferencia de impacto político mundial.

El 5 de febrero de 1922 se celebró en el Palacio de los Condes de Puerto Hermoso la que históricamente se ha venido en conocer como Conferencia de Pizarra, para tratar los asuntos relacionados con la Guerra de Marruecos. Allí se reunieron en la mañana de ese día el presidente del Gobierno, don Antonio Maura, el alto comisario de España en el país magrebí, general Berenguer; el almirante Aznar, y varios ministros, entre ellos el de la Guerra, Juan de la Cierva. Dicen las crónicas de la época que la reunión se celebró con una gran reserva en orden a lo tratado, estudiándose en ella la sumisión de El Raisuni y los proyectos de operaciones de Alhucemas, que luego llevaría a cabo el general jerezano Primo de Rivera. Y en este mismo palacio pernoctó una noche el mismísimo rey Alfonso XIII, con motivo de su visita aquí con De la Cierva.

Joven población, Pizarra es un pueblo relativamente pequeño por su corta edad, si bien ya era conocido desde hace varios siglos. Aproximadamente, es a fines del siglo XV cuando aparece ya nombrado el lugar de «la Pizarra», levantado sobre 100 fanegas de tierra con motivo del repartimiento hecho por los Reyes Católicos a uno de los conquistadores de Álora, don Diego Romero. Aún en el Censo de Floridablanca, de 1787, aparece catalogada con la categoría de «lugar» y con la autoridad de un «alcalde pedáneo». Consta ya en 1748 la existencia de un litigio con Álora sobre el derecho a pastar los ganados de La Pizarra en términos aloreños. Toda la mitad del siglo XVIII y la primera del XIX se desarrolla en continuos litigios con los pueblos limítrofes, debido a la carencia de jurisdicción para expansionarse en cultivos y pastos. Especialmente, con Álora, porque el reducido núcleo de población pizarreña se situaba en su villa, en tierras del mayorazgo del Marqués de Valdesevilla. Pero las disputas también implicaban a Cártama y Casarabonela, disputas en las que los vecinos de Pizarra ya muestran su carárter independiente, tesonero y defensor de sus derechos.

Este tesón incombustible en pos de su propia identidad les daría finalmente y tras muchos sinsabores buen resultado. En 1803 solicitan al monarca Carlos IV dicha desunión, así como la concesión del real privilegio de villazgo, hechos que no se pro- ducirían hasta 1818, de manos de Fernando VII, mediante real cédula. Sin embargo, y para más inri, estas solicitudes no entrarían en vigor hasta 1821, al amparo de las Cortes de Cádiz, pero no será hasta 1847, finalmente, cuando se señale, mediante real ejecutoría, su término municipal con terrenos de los pueblos demandados: Álora, Cártama y Casarabonela.

Y es precisamente durante esta época cuando Pizarra da un gran salto cuantitativo y cualitativo hacía adelante, la modernidad, por un hecho fortuito, después de tantos siglos de ostracismo. Etapa decisiva en el municipio fue la construcción del ferrocarril en la línea Córdoba-Málaga en 1859, además de la carretera que unía Málaga con Álora. Estas dos obras de infraestructura permiten salir al pueblo de su aislamiento, favorecen la mejora de su agricultura, mejoran la comercialización y transporte de sus productos agrícolas y a su vez originan que se modifiquen las estructuras agrarias.

Pizarra, que tiene una superficie municipal de algo más de 64 kilómetros cuadrados, dedica a regadío y secano 2.048 y 4.324 hectáreas respectivamente. Al igual que la vecina Álora, los productos de la tierra son los típicos del Valle del Guada horce. Aquí, en secano, el cultivo más importante es el almendro, seguido del olivar y en menor medida cereales y leguminosas. Y en regadío, la misma tendencia que en la vega: predom nio de limoneros sobre naranjales.

La propiedad de la tierra, por el contrario, aquí está más concentrada, lo que produce un elevado número de trabajadores eventuales, temporeros que dependen de las épocas de recolección, y otros en menor medida que son autónomos. De otro lado, existe poca incidencia de cooperativas agrícolas. En ganadería, destacan la explotación de granjas de gallinas, así como la cabaña de vacuno. De ahí que aquí estén radicadas fábricas de piensos y harina, entre otras, además de algunas cooperativas textiles y talleres de carpintería metálica. El sector de la construcción es más dinámico que el industrial, cuyo componente humano se orienta más hacia el agropecuario. De otra parte, el sector servicios o terciario da empleo a la cuarta parte de los trabajadores del municipio.

Y por aquí camina el futuro de estos pueblos, por la simbiosis naturaíeza -trabajo- servicios. La iniciativa de los ocho municipios más al Oeste que conforman la comarca del Valle del Guadalhorce están por el desarrollo turístico rural con, en un principio, inversiones procedentes de varias administraciones públicas que en su conjunto superarían los 50.000 millones de pesetas en los próximos cinco años. Pero Pizarra cuenta ade más con un parque industrial, junto a la carretera de Málaga, con un total de cerca de 7.400 metros cuadrados divididos en 17 parcelas de 435 metros cada una, ya con obras de infraestructura y urbanización.

Pizarra posee, aproximadamnete, una población de casi 8.500 personas en su término municipal, repartidas entre el casco urbano, con 6.500, y los núcleos rurales de Zalea, con 1.450, y Cerralba, con 550 habitantes, una vez recepcionada hace pocos años la titularidad jurídica de ambas pedanías.

Situada a 29 kilómetros de la capital, a 9 de Abra y a 15 de Cártama, Pizarra, atravesada por el río Guadalhorce a lo largo de 8,5 kilómetros, posee una anchura máxima de 11,5 y 8 kilómetros, de Este a Oeste y Norte a Sur, respectivamente. Aunque no de Málaga, también se halla rodeada por los términos de Almogía, Coín y Casarabonela. A 82 metros sobre el nivel de mar; una cota bastante más inferior a los casi 200 de la vecina Álora, su altura cumbre se encuentra en la Sierra del Hacho, con 447 metros.

Su ubicación geográfica, al pie de la sierra de su mismo nombre, está magníficamente regalada por la Naturaleza. Algarrobos centenarios, olivos, higueras, almendros, nogales y árboles frutales embellecen el paisaje durante todo el año. En su cima se puede ver una gran cruz. En este entorno, el agua potable procede de sus altas montañas, pródigas en ricos manantiales. Ya en el casco urbano se pueden ver algunas fuentes bien distribuidas y mejor surtidas. Por ejemplo, una con varios caños. Y viendo su armonioso ruido puede rememorarse los trinos de los pájaros en sus cumbres. Según épocas, de ruiseñores y alondras, entre otros. Alguien escribió que aquí «su clima es tan delicioso y suave que los mirlos cantan en enero, mientras en
Alemania, por ejemplo, permanecen mudos hasta el mes de mayo».

Las gentes de Pizarra, por las vicisitudes que el destino o la historía les ha hecho pasar, son personas grandes de espíritu, llenos de bondad y hospitalidad y cariño hacia el forastero. Habitantes optimistas, alegres, entusiastas. Y si estas cualidades no son asumidas y vividas en algunos de los bares, cafes y tabernas de su casco urbano, pueden contemplarse en la romería de su patrona, la Virgen de la Fuensanta, también patrona de la vecina localidad de Coin y de la ciudad de Murcia.

En la anochecida de cada 14 de agosto la imagen llega y es procesionada por las calles del pueblo desde su ermita, ermita que levantó a sus expensas, en 1566, el obispo de Málaga, don Francisco Blanco Salcedo, destacado teólogo en el Concilio de Trento. Aparte de ésta, aquí también se celebran otras romerías, como la de San Isidro, en Zalea, o la de San Juan. La más importante, la de la patrona, da lugar a la feria de la villa, con varios días de diversión, ocio y esparcimiento. Sobre estas fechas, la Peña «Los Cafeteros» organiza su festival flamenco.

Pizarra, según la tradición, es tierra de chistosos, y así lo mantienen sus habitantes a mucho orgullo, contando infinidad de chascarrillos «verídicos». Pero sea por ello o por cualesquiera de las otras características destacadas que posee este pueblo, bien vale a la hora de marchar llevarse este vaticinio de uno de sus hijos: «Remózate, tierra mía, que pronto irán los turistas a piropearte».


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