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ALOZAINA

Una visita por las imágenes de Alozaina              Alozaina en internet

Visitar las calles de Alozaina y contemplar sus típicos rincones y paisajes de pueblo andaluz es todo un placen Atalaya de la Hoya de Málaga, desde el mirador de su castillo árabe se pierde la vista en la lejanía hasta el mar. Con poco más de 2.500 habitantes, se halla respaldada de los fríos vientos por las sierras de Tolox y Sierra Prieta. Alhosaina, en árabe, según algunos, pequeña fortaleza o lugar bueno y sano, y de ahí su topónimo, tiene un clima suave tanto en verano como en invierno, lo que la hace ideal para disfrutar de unas vacaciones en sus casas de alquiler. Estancia que se hace aún más agradable por el carácter hospitalario y amable de los habitantes de la comarca.

Alozaina no es un pueblo demasiado grande, pero sus gen tes, de alguna forma, lo hacen día a día importante. Su superficie es de 34,5 kilómetros cuadrados, rodeados de bastantes accidentes geográficos. Al Norte de su municipio se encuentra la Sierra Prieta, donde el pico que lleva el mismo nombre alcanza la máxima altura del término, con 1.521 metros, en el límite con Casarabonela. Al Oeste, Cerro Pelado, con 558 metros; Ardite, al Sureste, con sólo 459 metros, sirve de límite con Guaro; y, finalmente, la Loma del Pocico, de 634 metros, que separa las cuevas del río Jorox y Arroyo de las Viñas. Precisamente, este río y el manantial de Albar abastecen a la población.

Población con el gentilicio de «pecheros» y que está en contraposición al de los habitantes de la vecina Casarabonela, conocidos por «moriscos». Estos apelativos no son de ayer ni de anteayer, sino que tienen su origen en la mismísima Reconquista por los Reyes Católicos. Rendida Álora y tomada aquella baja zona, también por esas fechas cae Alozaina, el 20 de junio de 1484. Como quiera que el término fue repoblado con gentes venidas de fuera, además de los que se quedaron y no partic paron en ninguna revuelta, todos a su vez tuvieron en cierta medida bienes y haciendas, por los que tenían que pagar el «pecho» o tributo. Es decir, que con el vocablo «pechero» se denominaba a todos los súbditos de la Corona que no eran nobles y, por tanto, no estaban exentos de tributos.

Y esta localidad es en parte importante porque de alguna forma así lo han querido sus vecinos a través del tiempo, con casos y cosas que les honran. En el ámbito laboral, cuentan con una cooperativa dedicada a los productos del olivo, con 700 socios, casi la totalidad de los agricultores del pueblo, y con secciones de almazara o molino de aceite, por un lado, y fábrica de aderezo de aceitunas, de otra parte. Comentan que Alozaina es el «primer pueblo de España» donde comienza la recolección de la aceituna de verdeo, y por ello el 12 de septiembre tiene lugar en la villa la fiesta correspondiente en honor del Dulce Nombre de María y, de paso, también para celebrar la cosecha del redondo, delicado y delicioso fruto, producción que tiene su mercado principal en las regiones de Cataluña, Madrid y Baleares. Otra industria destacable aquí es la textil, que ocupa alrededor del 10 por 100 de la población.

Mas ahí no queda sólo todo lo relacionado con las caracte rísticas singulares de estas gentes. La Banda de Música de Alozaina ha conmemorado ya los 130 años de su fundación; 130 años que la convierten en la banda más antigua de la provincia de Málaga y quizás también de otras muchas provincias. En cuanto a personajes, aquí nacieron, por ejemplo, el doctor Ramírez, que llegó a ser presidente de la República Argentina; Diego Marín Sepúlveda, que fue presidente nacional del sindicato de Comunicaciones, Corcho y Vidrio; José Aguilar Rojas, primer director y Francisco Sánchez, maestro, fundadores de la banda de música; además de la bailaora Rita Ortega Feria, hermana de la «señá Grabiela», madre de los toreros «Gallo»; así como María de Sagredo, heroína local que hizo frente con éxito a una sublevación de moriscos en la segunda mitad del siglo XVI. Esta hazaña hizo que el rey Felipe II le nombrara alférez de los tercios españoles y le diera unas haciendas de moriscos en Tolox para su casamiento. Esta gesta está recogida en el escudo o heráldica de aquí.

Alozaina celebra sus fiestas patronales en honor de Santiago y Santa Ana, a finales de julio. Otra manifestación popular es la romería de la Santa Cruz a Jorox, el primer domingo de mayo, en un valle idílico donde se han descubierto yacimientos arqueológicos prehistóricos. Pero, si cabe, para los más aficionados y devotos la más famosa de todas cuantas fiestas tienen lugar aquí es la Semana Santa. Durante el Jueves y Viernes Santos 14 pasos recorren las calles de la localidad. La última de estas jornadas cuenta además con el atractivo de una representación en vivo de «La Pasión».

Mejor en estos días, pero también en cualquier época del año, los forasteros pueden disfrutar aquí con su rica gastronomía. Platos de coles o gachas pecheras, hornazos, tortillas de bacalao, el salmorejo, pan de higo o rosquillas de miel, entre otras delicias para el paladar. Y si tiene suerte en su viaje, tal vez pueda escuchar los cantes autóctonos de la tierra, como la saeta o bolero de Alozaina, o los fandangos de Jorox.

Alozaina bien merece una visita, teniendo además en sus alrededores pueblos también tan interesantes como Casarabonela, Guaro, Tolox y Yunquera. Se encuentra situada a 52 kilómetros de Málaga, al Noroeste, y a 44 de Ronda.

Sentarse en cualquiera de sus terrazas que miran a Málaga y degustar un plato de aceitunas aderezadas es un placer que no debe perderse el viajero que visite Alozaina.  No en vano, los árabes llamaron a este pueblo "un lugar bueno y sano": bueno por su clima suave, al amparo de los fríos gracias a Sierra Prieta y la de Tolox; y sano por su gastronomía, siempre regada por el mejor aceite del mundo, y por sus fiestas y romerías, empapadas de historia y cultura. La Semana Santa se vive con pasión y sentimiento. Sus pasos, que superan la docena, suben y bajan las empinadas calles en un ambiente de recogimiento. Y en mayo, la Cruz se lleva a Jorox, un valle cercano que ya pateaban nuestros antepasados en el Paleolítico. Luego, a finales de julio, el pueblo estalla en una fiesta que no cesa. Es entonces cuando el visitante se siente hermano, pechero y serrano.

Alozaina es el primer pueblo de España donde se comienza a recolectar la aceituna, aún verde y dura, lo que da nombre a un bienvenido quehacer, el verdeo. Para celebrar tal acontecimiento , el 12 de septiembre organizan una fiesta llena de color y de aromas, dichosos porque esas aceitunas que recogen son el pan de sus hijos y orgullosos porque saben que su sabor a especias de las sierra es famoso en todo el país.

Y entre saetas, boleros y fandangos, qué mejor que retornar a las raíces admirando el forjado del hierro, el bordado del oro o la tarea artesanal de un taller de sillería. Porque en Alozaina, la tradición del trabajo a mano se puede llevar a casa envuelta en hospitalidad, mientras que la sensación de estar en medio de la naturaleza perdurarán en el alma hasta que la añoranza nos lleve de vuelta a este lugar bueno y sano.


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