
Hay algo profundamente contradictorio en nuestra sociedad, tenemos leyes destinadas a proteger nuestra intimidad, nuestros datos personales y nuestro derecho a no ser molestados, pero basta con tener un teléfono para descubrir que, en demasiadas ocasiones, esos derechos parecen quedarse en el papel.
Las llamadas comerciales no solicitadas se han convertido en una forma de intromisión cotidiana. Durante un tiempo fueron los números móviles los protagonistas, cuando llegaron las restricciones, aparecieron otras fórmulas, números fijos, prefijos provinciales y diferentes líneas desde las que una misma campaña puede llamar insistentemente a miles de ciudadanos. El teléfono cambia, la molestia permanece.
Y conviene aclararlo, no toda llamada comercial es legal. Desde junio de 2023, la Ley General de Telecomunicaciones reconoce el derecho de los usuarios a no recibir llamadas comerciales no solicitadas, salvo que exista consentimiento previo o una base jurídica válida, como determinados supuestos de interés legítimo. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha establecido, además, que estas excepciones deben interpretarse de manera restrictiva.