
¿Y si la verdad no fuera un espejo de la realidad, sino una herramienta para vivir, conversar y transformar el mundo? Con esta provocadora pregunta puede comenzar una aproximación a Richard Rorty (1931-2007), uno de los filósofos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y una de las figuras centrales del neopragmatismo.
Su pensamiento cuestionó algunas de las certezas más arraigadas de la filosofía occidental: la existencia de fundamentos últimos del conocimiento, la posibilidad de representar objetivamente la realidad y la idea de que la filosofía debe descubrir verdades eternas.
Nacido en Nueva York, Rorty recibió una sólida formación filosófica en la Universidad de Chicago y en Yale. Durante sus primeros años estuvo vinculado a la tradición analítica, pero progresivamente se distanció de sus presupuestos epistemológicos. Su gran ruptura intelectual quedó reflejada en el libro La filosofía y el espejo de la naturaleza de 1979, obra que convirtió su nombre en una referencia internacional. Posteriormente desarrolló sus ideas en libros como Contingencia, ironía y solidaridad y Consecuencias del pragmatismo y en otros muchos.