Escribe; Walter Pimienta J —Escoge armas, lugar, fecha, hora y dos testigos, y me mandas la respuesta con "Carlos Ugly", que es el hombre más serio de este pueblo —le mandó a decir don Emilio a don Jorge en un papel sellado escrito.
Don Emilio le pagó cinco pesos por el favor a "Canillita", un mandadero confiable y de los buenos en ese tiempo. Al llegar a la casa del destinatario, el portador del mensaje dio tres golpes suaves a la puerta de la manera más educada y le dijo a quien le abrió:
—Buenos días. Aquí le manda don Emiro a don Jorge este papel... Que por favor lo lea. Gracias.
Y el mandadero, con el tiempo entre las manos —pues tenía otra encomienda que cumplir—, dio la espalda y cruzó la esquina con un andar ligero, llevado por la prisa de diez deberes más.
Era abril de 1850.
Don Jorge, haciendo buen uso de los servicios de “Carlos Ugly”, le mandó a decir a don Emilio —también en papel sellado y firmado— que, al ser él el desafiado y tal como lo dictaba la ley del duelo, ya había escogido las armas. El lugar del ristre sería la Plaza de las Moras el primero de abril a las dos de la tarde, y sus testigos: Ortega y Otero. Asimismo, notificó que José de la Rocha y Leónidas Armenta, sus padrinos en el compromiso, eran los encargados absolutos de fijar, redactar y publicar en las esquinas el cartel oficial correspondiente. En éste se invitaría a la comunidad a asistir a un duelo a pistola, de acuerdo con las reglas del código de honor del siglo XIX, el cual dictaba a la letra: «Los dos hombres involucrados (el ofendido y el ofensor) nunca se comunicarán directamente tras el altercado, para evitar riñas salvajes en los días previos y mantener el protocolo de caballeros».