No sé cómo empezar esto.
Donde Celina, los platos llovían.
Donde Celina los platos pagaban los platos...rotos.
Donde Celina los platos volaban.Escribe; Walter Pimienta J.- Esto ocurría cada vez que Celina pelaba con Simeón cuando este amanecía donde la otra, con Hildebranda Urrego, y de allá venía a su casa como si nada y con una cara fresca a la que la brisa de diciembre, rayando la aurora, rozaba dibujándole en los labios una sonrisa de amor...y una calma en la piel y una rosa en la solapa y una mirada que escondía las picardía de una noche de pasión y un olor grato a “Agua de Florida Murray & Lanman” y los dientes impecablemente lavador con “Pepsodent” y un cantico pendejón entre labios que decía... “Luna que se quiebra sobre las tinieblas de mi soledad...” . Y esto sacaba de quicio a Celina hasta perder la paciencia, irritarla y exasperarla llevándola al límite de no reencontrar la compostura y el control...y entonces, platos iban y venían, venían e iban...platos por allá y platos por acá...por acá y por allá...Platos y platos...y más platos...