"Los pueblos son libros. Las ciudades periódicos mentirosos." -Federico García Lorca-
Por: Walter E. Pimienta Jiménez.- De pronto (siempre hay un "de pronto" o unos "de pronto" en las historias que, de súbito, de manera rápida, inesperada o sin preparación, ocurren, suceden, pasan, acontecen, surgen o vienen; este al que me refiero aquí no lo ponga como sinónimo de duda, de posibilidad o probabilidad; no, este fue un de pronto repentino, apresurado, de improviso), cuando la aldea dejó de ser una aldea de calles polvorientas, apacibles y silenciosas, para convertirse en un pueblo de calles pavimentadas, escandalosas, bullosas, alteradas y agitadas. Una aldea donde la gente iba a los velorios con ganas de revivir al muerto refiriendo cuentos y un caudal de historias del difunto, y tomando café hasta el amanecer. Y era la misma, una aldea plácida, pacífica, serena y mansa donde los pájaros, en sus nidos, hacían la siesta de la tarde y donde sus tres policías, cansados de hacer nada y muertos de sueño, por turnos, dormitaban con las gorras sobre la cara, sentados en alguna de las bancas del parque, soñando que cogían a un ladrón inalcanzable que llevaba una gallina entre las manos.