Por Julio Feo Zarandieta .- Mi cinefilia remonta a más de medio siglo y soy de esa generación que nos interesaba más la obra de los autores, realizadores o directores, que la fascinación por los actores o actrices, aunque éramos sensibles al glamour de esas bellezas que iluminaban las pantallas en cinemascope y en tecnicolor en tiempos del denominado Star-system. Marilyn Monroe no cabe duda era una de ellas.
En la triste España franquista de mi juventud el cine era más que una terapia, una fuente constante de aprendizaje de las cosas de la vida, y de todo aquello que la censura se esforzaba por ocultar, aunque no siempre lo conseguía.
Mucha gente se había, y se ha, mal acostumbrado a decir «una película de Marilyn» o de tal otra actriz o actor. Yo siempre corrijo y recuerdo que la película es del autor y no del actor o de la actriz. La película es con el actor, pero del autor. Aunque a veces la presencia y el trabajo del interprete o de la interprete puede ser una referencia importante para el espectador, y según los casos decisivo para la calidad de la película.
De tal modo Con faldas y a lo loco (1959) obra maestra de Willy Wilder, es uno de los más relevantes papeles de Marilyn Monroe junto a Jack Lemmon y Tony Curtis. De la misma manera que Vidas rebelde (1961) es una magnifica película de John Huston (guion de Arthur Miller) con la brillante interpretación de Marilyn Monroe, James Dean y Clark Gable entre otros.
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