
“Ahora he descubierto una cosa terrible (no se lo digas a nadie). Yo no he nacido. (…) Había mil Federicos Garcías Lorcas, tendidos para siempre en el desván del tiempo; y en el almacén del porvenir, contemplé otros mil Federicos Garcías Lorcas muy planchaditos, unos sobre otros, esperando que los llenasen de gas para volar sin dirección (…) Yo vivo de prestado, lo que tengo dentro no es mío, veremos a ver si nazco.” Federico García Lorca.
¡Ay, cómo le pueblan Lorca, Machado y Hernández! Ellos no se despoblaron. Y murieron en España, dentro o al lado, con el sol y la luna como su tumba, condenando las palabras asesinas de amaneceres revolucionarios.