
El filósofo John Locke, que desarrolló el empirismo moderno en su libro Ensayo sobre el entendimiento humano, poseía una gran biblioteca particular. Sus tesis fundamentales son las siguientes: la negación de las ideas innatas; la afirmación de que todas las ideas proceden de la experiencia; y que se divide en sensación y reflexión. Muchos problemas metafísicos, desde su perspectiva empirista son insolubles porque exceden las capacidades cognoscitivas humanas. Existen unos límites del conocimiento. Este planteamiento sigue vigente en pleno siglo XXI. El extraordinario avance de las ciencias no es suficiente, por ejemplo, para saber lo que existía antes del origen del universo y para otras cuestiones. Para Locke, sus libros eran instrumentos de investigación y conocimiento. Fue un lector sistemático. Releía muchos textos, especialmente los filosóficos y teológicos, y subrayaba pasajes clave. También escribía anotaciones en los márgenes. En determinados cuadernos, extraía ideas de sus lecturas, las cuales le servían para escribir, aportando sus propias ideas y comentando diversos aspectos de otras teorías.