
Durante años, a quienes padecen fibromialgia se les ha encasillado injustamente. Se les ha dicho que todo es “cosa del cerebro”, que su dolor es “emocional” o que no pueden rendir igual que antes en trabajos que requieran concentración, creatividad o toma de decisiones. Esta idea no solo es falsa, sino que también cierra puertas y genera un estigma innecesario.
La fibromialgia no es un molde único. Hay síntomas comunes, como el dolor generalizado o la fatiga, pero otros como la llamada “niebla mental”, no se presenta en todos. Incluso cuando aparece, su intensidad varía, y no significa que la persona deje de ser capaz de pensar, escribir, planificar o crear.
Reducir esta enfermedad a un estereotipo es ignorar la realidad, hay escritores, docentes, empresarios, científicos y artistas con fibromialgia que siguen ejerciendo con éxito. La ciencia ya ha dejado claro que no es “todo psicológico”.
Durante mucho tiempo, algunos profesionales miraban la fibromialgia como un problema exclusivamente mental. Hoy se sabe que existen alteraciones reales en el sistema nervioso, en la respuesta inmune e incluso posibles factores hereditarios que influyen en su aparición.