
Antes, en nuestros años jóvenes, cuando algo nos gustaba mucho o nos salía muy favorable, solíamos decir que “estaba de muerte, tío”. Hoy en día, sin embargo, ese dicho casi tan jocoso se nos ha ido de la boca, porque la vida se nos está yendo de las manos.
Los que sufrimos de alguna manera el franquismo, pero tuvimos la suerte de salir y seguir con vida y nos hemos permitido el lujo de estar a favor de la vida, sabemos que no estamos en buenas manos. También podemos decir que lo público se nos está yendo de las manos, por emplear un eufemismo. La realidad es que nos lo están robando y todo, además, a manos llenas, que no son precisamente las nuestras ni las más cuidadosas.
De muerte ya se están llenando también las manos que manejan los dineros y las de los que fabrican armas. No son armas defensivas, sino agresoras y agresivas, allende las tierras y allende los mares y allende los aires.