
La reciente exigencia de Donald Trump de que los países de la OTAN eleven su gasto militar hasta el 5% del PIB no es solo una propuesta desproporcionada, es un intento de imponer un modelo unilateral que ignora las realidades sociales, económicas y políticas de sus aliados. Entre ellos, España, que con firmeza democrática ha respondido que no está dispuesta a sacrificar su Estado del bienestar para complacer caprichos ajenos a su soberanía.
Trump, en su conocida retórica agresiva, ha vuelto a utilizar la alianza atlántica como una herramienta de presión geopolítica. Desde hace años insiste en que sus socios “no aportan lo suficiente” y ha llegado a amenazar con retirar el apoyo de EE.UU. a los países que, según él, no cumplen con sus “obligaciones”. Pero ¿desde cuándo la solidaridad entre naciones se mide con ultimátum?
Actualmente, España estaba destinando aproximadamente un 1,28% de su PIB al presupuesto de defensa, en este año 2025 va intentar llegar al 2%, algo que estaba marcado hasta 2029, como parte del compromiso colectivo que habían establecido todos los países aliados. Este objetivo ya supone un esfuerzo presupuestario considerable, más de 10.000 millones de euros, a pesar de la falta de presupuesto que se necesita en sanidad pública, educación, vivienda etc. ¿de dónde van a salir todos esos millones?