
Donald Trump ha encendido la mecha de una guerra comercial global, al imponer aranceles desmesurados a las importaciones de prácticamente todos los países. Con un aumento de la tasa arancelaria con promedio hasta el 22%, la más alta en más de un siglo, el presidente apuesta por una política proteccionista que, lejos de beneficiar a Estados Unidos, podría provocar efectos devastadores en su propia economía.
La lógica de Trump es simple pero peligrosa, encarecer los productos extranjeros para que la industria nacional se fortalezca. Sin embargo, en un mundo globalizado, el resultado puede ser muy distinto.
Las represalias de los países afectados, la pérdida de competitividad y el aislamiento económico podrían condenar a EEUU a pagar más, por lo que antes conseguía mejor y más barato o simplemente, a quedarse sin ello.