
Cada 8 de marzo, el mundo se viste de morado, se alzan pancartas y se pronuncian discursos en honor a la mujer. Se habla de sus derechos, de su lucha y de la necesidad de un mundo más justo e igualitario. Pero, ¿y el resto del año? ¿Acaso la mujer deja de ser el pilar sobre el que se sostiene la sociedad cuando el calendario avanza?
La mujer no es solo un símbolo al que se le rinde homenaje una vez al año. Es la fuerza que impulsa la vida misma. Es madre, hija, hermana, amiga, compañera.
Es trabajadora dentro y fuera del hogar, en empleos remunerados y en aquellos que, aunque invisibles, sostienen el mundo. Es educadora cuando ayuda a sus hijos, enfermera cuando cuida de sus mayores, psicóloga cuando escucha, mediadora cuando pacifica conflictos. Es el timón de un barco gigantesco que, sin su mano firme, se perdería en el caos.