Walter Pimienta J.- Solo era un tarro de hojalata pintado con aquella famosa, conocida y colorida “figura”, la del cuaquero de pelo blanco largo, de vestido azul, zapatos de hebilla, pechera bordada y amplia casaca, sosteniendo en su mano derecha una lata de “Avena Quaker”. Y que, además, llevaba puesto un sombrero alón turquí que no se quitaba para nada y, sonriente él, era del caso también, desde entonces, la subsistencia en mi fantasiosa imaginación de una idea que en la cabeza me daba vueltas y vueltas, la de que la llamativa gráfica que identificaba al infaltable pote del cereal del que se daba buena cuenta en la dieta de todos en casa, llevado por lo descocido, a mí me decía algo más…
…Y vaya que si me lo decía, pues me ocurría que cuando miraba al señor que salía dibujado en el referido pote de avena, me lo imagina que, a lo mejor, siendo él un niño, era un niño pechichón super atendido por su madre con sumo amor en la paciencia de hacerle a esta un tetero de avena cada vez que lloraba; dado que su progenitora, por nada del mundo, quería verlo flaco y desnutrido…