Faltaba Miguel. Escribe; Walter Pimienta J.- En la fila del banco, caja número 3, había 35. Ya se conocían todos. Llevaban años en esto los más viejos haciéndolo cada mes. Los más recientes también, conociendo poco a poco a los demás. La mayoría solo se veía cada 25 y en tal fecha se volvían a saludar.
Era el pago de marzo.
Los que sufrían alguna incapacidad física y quizás también del alma o de ambas, esperaban sentados en las sillas cercanas…
Algunos estaban acompañados de sus esposas o esposos con edades cercanas, o de un hijo o hija o de un nieto ya mayor.
Uno por uno, según el turno y el llamado, cobraba. Y aunque cierto número de ellos tuviera compañía, no faltaba ese o esa que reflejaba en su rostro la más profunda soledad. Esa soledad que tiene, para todos, la misma voz silenciosa diciéndoles que ya son más pasado que presente…Y que en su diciente silencio les gritaba que cada vez eran más cortos sus pasos y que no pocos habían empezado a perder interés en verse al espejo; antes sutiles, elegantes, vistosos, acogedores, finos y elocuentes; más en la circunstancia de ellos que de ellas en quienes se notaban todavía ciertos lejanos encantos seductores de hermosura sin maquillaje.