Escribe; Walter Pimienta. Todo se supo después. “Tamalameque”, así le decían , porque era de allá, de Tamalameque, antes de irse una tarde, a lo mejor aburrido, acostado en su cama mirando el techo de tejas de su casa, cayó en la cuenta de que, desde que se hizo hombre, hasta esa fecha, se había acostado con cualquier cantidad de mujeres y que, sin embargo, del pueblo se iba soltero a sus 56.
Todo se supo después, “Tamalameque” iría a la tienda de la esquina y compró un lápiz negro marca “Eagle” (no quería emplear el que usaba en su trabajo), un sacapuntas de pasta amarillo marca “Suescúm” y una libreta marca “Norma” de cien hojas rayadas.
“Tamalameque” vivía solo y, con su trabajo de albañil, hizo su casa en el barrio “Mata de Burro”. Y aunque en esta, en distintas ocasiones con muchas estuvo. consideró no quedarse con ninguna de ellas matando por las noches sus calurosas fiebres de hombre, tapándose con una manta de lana anti deseo que un indio arahuaco le vendió diciéndole que, al acostarse, tapándose de pie a cabeza, se la garantizaba para que, en casos de amores idos, viviera mejor de los gratos recuerdos y no de memorias tristes dañinas para el corazón.