“De tus manos a tus pies” -Era su lema-Escribe Walter Pimienta.- El lunes había amanecido tibio y sin lluvia. Como cada mañana, el pito del bus intermunicipal me avisaba que ya casi partía y que me apurara o llegaría tarde al colegio. En tal tiempo yo vivía en San José de Puerto Alegre (Ponedera) y hacía de maestro en Barranquilla.
Me despido de Rubiela, ya habíamos desayunado. Tomo mi maletín lleno de libros, sobo las cabeza de mis perras como una caricia y salgo.
Llego a la esquina y el bus que viene es el que manejaba Ricardo. Trae los habituales pasajeros de siempre: los de las 6:30 A.M.
El bus sentencia su partida con un pitazo largo que se escucha en todo el pueblo. Es la costumbre.
El bus se detiene, lo tomo. Saludo con los buenos días y miro a los ocupantes. Ubico un asiento y en este me acomodo.
Dije que conmigo no viene en el mismo bus ningún extraño y es cierto; reparé en todos los ocupantes y allí estaban, uno por uno, los frecuentes…Y entre nosotros, como ya le era costumbre, viaja “la Mancauña”, una lunática que por tema recurrente y reiterado se desplaza de manera frecuente a Barranquilla a hacer de pedicurista a domicilio y, al parecer y a su decir, con clientela propia.
Esnilda, que así se llama “la Mancauña”, lleva un maletín donde porta sus herramientas de trabajo y, vestida a cuadros, parece una ejecutiva. Ella es epiléptica y por la consideración que los conductores le tienen, la llevan gratis. Nunca paga pasaje.