Escribe; Walter Pimienta.- Hubo una “Celestina” (en una obra de teatro escrita por Fernando de Rojas, en la que este cuenta la historia de dos jóvenes enamorados. Calisto y Melibea, y de “la Celestina”, una alcahueta o correveidile que, en forma oculta, de puertas adentro de su casa y prestándoles la llave, los ayudaba a llevar a cabo sus romance)… Y esta historia, la que leen ahora, parecida a aquella, es otra y la misma así comienza:
Existió una vez en un pueblo, también , un “Celestino” , sí, un “Celestino, así como lo leen, que sin llamarse así, hacía lo mismo que “ la Celestina”.
Este “Celestino” era un hombre entre la honra y la vergüenza. ¿Vergüenza? Bueno, no sé. Ustedes lo calificarán, pero lo cierto es que a mí, de parte de quien me contara todo, me costó trabajo creerlo… Dice el referente: Se le veía todo un caballero…, es que lo era para algunas cosas y para otra no o no tanto… Sin embargo, este “Celestino” , encubridor de amores subrepticios, aborrecido por puritanos, santurrones y falsos moralistas, y reverenciado y respetado por otros, se gastaba su elegancia célebre por demás. El tipo, en verdad, tenía un porte magnífico.