
Uno de los principales problemas es la excesiva lentitud con la que se resuelven los trámites administrativos, desde la solicitud de una simple cita en una oficina pública hasta la resolución de expedientes más complejos, los plazos suelen extenderse de manera irrazonable. Por ejemplo, la concesión de licencias urbanísticas, que deberían de resolverse en semanas, puede demorarse meses o incluso años, paralizando proyectos vitales para particulares y empresas.
En parte, esta demora se debe a la carga burocrática desproporcionada que acompaña cada trámite. La presentación de documentos redundantes, el cumplimiento de requisitos que a menudo parecen diseñados para entorpecer y la falta de digitalización efectiva convierten lo que podría resolverse en días en un proceso interminable.
Un aspecto especialmente grave de la burocracia en España es la frecuencia con la que se cometen errores administrativos, estos fallos que pueden parecer triviales desde la perspectiva del funcionario que los comete, tienen consecuencias devastadoras para los afectados.