
Si no dejamos que la hojarasca nos tape las raíces profundas de la vida, de esa vida nuestra que es vida individualmente social, sentiremos que alguien tan antiguo y tan presente como san Isidro Labrador -sean cuales sean nuestras creencias y nuestra ideología- nos habla, todavía hoy, de las necesidades de la gente trabajadora del campo, de la lucha contra la sequía, y de los principios que practicamos día a día.
Si hay algo que caracteriza a Ysidorus Agrícola -o Isidro Labrador- son sus anomalías, sus preciosas anomalías, sus luminosos mestizajes. Veamos las principales. Lo primero es que es un santo muy tardíamente santificado por la jerarquía religiosa en 1622, cuya vida había sido documentada dos siglos después de su existencia, ya que se supone que nació en 1082. Una historia que inicialmente se había transmitido exclusivamente por tradición oral. En esa época, los santos cristianos eran eclesiásticos u hombres de familia noble y sus milagros estaban unidos a una práctica social contemplativa.