«El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y asegura la curación de la tristeza.» Lucio Anneo Séneca.Escribe; Walter Pimienta.- La historia de vida de mi abuelo Hernán, en cada diciembre de sus diciembres, que fueron nada más y nada menos que 104, está trenzada con sus dos vinos favoritos: el “Vino Moscato o Moscatel”, de botella verde y sus 18 años de añejamiento, y el “Vino Oro Viejo, el de la bellotica de hilo amarillo; importado de Venecia 1870, variedad Pedro Ximenez, envejecido en madera de roble, decía la etiqueta”. Inédita historia y costumbre de familia que en Navidad nos reunía a su alrededor junto con mi abuela Cristina para Pascua y Año Nuevo… pues el resto del año, a ambos, no les faltaba el “Ron Blanco”.
Lilia Vargas, la de Rosana, a quien nunca llamó Lilia sino Dilia, su vecina cacharrera, se lo traía de Barranquilla con esta advertencia de parte de él : “Los compras en la colmena de D’ Amato ( por ahí averigüé en los archivos de la Aduana y el tipo se llamaba Guissepe, más italiano que el carajo, vendedor de vino hasta Maganguè)