*Si dejas todo en las manos de Dios, verás la mano de Dios en todo…Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- El pueblo todo, como un silencioso monasterio de la Edad Media, en Semana Santa era…Una nube celeste de oloroso incienso ardiendo en cada casa de la Calle del Repaso, se alzaba y la voz trémula de Conchita Arteta leyendo los Salmos, a la distancia se oía; mientras procedentes del monte, para regalar a los vecinos, José del Carmen Hernández y el viejo José Ángel Molina, en sus burros, una cargazón de ramos de olivo traían.
Es Domingo de Ramos, un domingo de metálica y brillante luz solar… todo está limpio y huele a limpio.
Salgo a la calle, la miro absorto. No hay gente. El silencio al que ya me referí, es de todos y es de nadie. No estorba el canto de los gallos ni el ladrido de los perros y se diría que en el pueblo, exento yo, ninguno vive.