Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Entro al bar para guarecerme de la lluvia que se venía. Entro no por otro interés ni porque busco el consuelo que aquí venden…digo consuelo pues soy de los que creo que los sentimientos no se negocian… pero quién sabe… es cuestión de sentidos…
En el sitio, ahora, estamos el administrador del bar, ella y yo. Afuera la lluvia es inclemente.
Me siento en cualquier silla. En la rockola, Julio Jaramillo canta en forma de disco en medio de luces cambiantes. Mi tiempo no está aquí, mi mente tampoco. La diligencia laboral que había salido a hacer, por el temporal de octubre, ya no tiene lugar. Estoy atrapado donde menos me lo había imaginado: en un bar por culpa de un cielo roto… La gente en la calle corre buscando techo.
De pronto, alzo la vista y, en frente, de corto medio paso rojo y cruzada de piernas, como ofrecida en una atractiva vitrina, indiferente a mi fija mirada, mal sentada y en forma de deseo, aquella mujer me invitaba a la oferta… Todo, su rostro responsable de una belleza de ojos expresivos y de una pequeña boca sujeta a besos cortos, su cabello negro próspero en crecimiento y su porte, lo usa para su fin y lo une a sus eróticas maneras seductoras haciéndome prisionero del momento en busca de alguna decisión de parte mía…¡Qué piernas tiene! Son el objeto de su ofrecimiento…