Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Quien murió no fue el mago Borletti; murió Máximo Alfredo Hernández Durán, sería lo más exacto decir, porque el telépata, el clarividente, el prestidigitador, el nigromante, el médium e ilusionista de Macondo, indiviso y distinto al mismo tiempo, en uno de sus tantos maravillosos trucos inexplicables de habilidad e ingenio, llevando a cabo su más grande acto de evasión y desaparición, sin irse de la escena pero existiendo asimismo de esta suerte en la realidad imposible de sus propios actos de invulnerabilidad, seguro “aparecerá de nuevo vivo por ahí ”, y por siempre, en el recuerdo inmortal de quienes le conocimos y entendemos la mágica realidad de que la función del circo de la vida debe continuar…
Quien murió fue Máximo Alfredo Hernández Durán y no Borletti, quien vivirá para la posteridad en la justicia exacta de continuar haciendo aparecer y desaparecer palomas y conejos ahora en otro escenario especial: en el cielo..., lugar en que viven las almas de los justos después de muertos y donde Dios, como regalo llamando al más famoso mago del mundo, les permite gozos de felicidad completa en el corone de la glorias del paraíso…