*No juzgues a nadie solo porque peca de forma diferente que tú, recuerda que hasta el diablo es hijo de Dios. A “El Cafetal”, el bar nuestro de cada día.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Los años son malos, perversos, infames, malvados, pérfidos, canallas, infames,… y lo ponen a uno viejo y oliendo a viejo…son crueles y no nos dejan esperanzas, no nos dejan llegar…y hoy, hoy recuerdo mi último bar y el último beso travieso que allí me diera una puta más decente que una dama cachona, señora ama de casa…Dama, dama, de alta cuna, de baja cama, señora de su señor, amante de un vividor…como dijera la fallecida cantante española Cecilia.
En el último bar en que estuve, vivía Carlos Gardel. Lo tenían colgado en una foto, dueño de unos ojos expresivos, de una sonrisa plácida y aplacible, de dientes blancos perfectamente parejos, sombrero negro, de esmoquin presidencial y haciéndole mamola a la muerte que lo mató en Medellín…¡Ah!... y cantándonos “volver” en tono de despedida, fatigada la guitarra en el disco del traga níquel… Era inmortal en el wurlitzer atascado de monedas que lo hacía vivir, vivir y “volver con la frente marchita”…
Yo creo que cuando cerraban el bar, Gardel se bajaba del clavo y se iba a la cama a multiplicar gardelitos con todas las putas de mi último bar…