Imaginario de una gran “quemazón”Escribe; Walter E. Pimienta JiménezDe pronto se sintió una gran explosión; luego otra, otra y otra… y, enseguida, una columna de humo espeso avisó al tranquilo pueblo que algo, en llamas, ardía.
-¡Incendio! -¡Incendio! -¡Incendio!
La gente salió a la calle. Querían saber dónde era. En las caras se pintaba el terror. Se escuchó otro estallido y alguien gritó:
-¡Auxilio! -¡Auxilio! -¡Auxilio!
Una claridad rojiza tiñó el cielo.
Baltazar, el campanero del pueblo, como si tuviera cien manos, hizo con sus repiques que los metálicos bronces de la torre de la iglesia, adquirieran voces de alarma y, sacudiéndolos sin tregua, pidió ayuda.