Por Walter Pimienta Jiménez.- Se buscaba esta vez en “Ladronera” al ladrón de mayores cualidades, simpatía y virtudes. El concurso, teniendo en cuenta las siguientes bases, era libre; es decir, en él podían participar todos los que lo desearan: hombres, mujeres, niños ancianos, ancianas. El participante, a la hora de cometer el ilícito, no podía llevar cubierta la cara ni tampoco portar armas. El premio a otorgarse era el de quedarse con lo robado más la entrega en efectivo de cinco millones de pesos. Del robo, en forma escrita, se haría una publicación en el periódico local “El Buen Ejemplo”, rotativo de circulación nacional e internacional. Se le daba al ladrón un plazo de cinco días para que llevara a cabo su fechoría y la registrara con testigos en la oficina del juzgado municipal. Los concursantes registrarían su robo bajo firma o bajo apodo conocido; en este último caso, en documento aparte y notariado, figuraría su verdadera identificación con dirección, teléfono, fotocopia de la cedula de ciudadanía -si la tenia- tarjeta de reconocimiento al tratarse de un niño o niña y un pequeño currículo de su historial. El jurado estaría compuesto por relevantes ladrones de quienes no se daría a conocer sus nombres sino hasta el día del fallo del concurso.