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-MOLINO  DE PAPEL-
Un tema de Semana Santa
CUAMDO  DIOS  ANDABA POR  LA  TIERRA
Cuentos y relatos globales. 05.04.26 
Escribe;  Walter  Pimienta.- Cuando Dios, plenamente divino y humano, encarnado en Jesús andaba por la tierra, tan pronto amanecía, las gentes de los pueblos abrían  de par en  par las puertas y las ventanas de sus  casas para que por estas entrara su  bendición.  
Todo era posible en  tal  tiempo y,  en  la  dimensión de la realidad y el alimento a mis ficciones fomentadas por mi mis abuelos,  siendo yo apenas  un niño que todo lo  creía , así como creía que en verdad Dios,  igual que  Pedro anduvo  por  su  casa,  sobrada razón tendría el Creador como  Creador  para  andar a sus  anchas por  este mundo,  de  modo que, apoyado  en el decir de ellos (de  mis abuelos), y en sus convicciones,  me  resultaba completamente normal y acostumbrado que, aferrados en su sabiduría o en  sus empecinamientos, a pie  juntillas, me  metieran  en  la  cabeza hechos incomprensibles  e inabarcables  porque La  Providencia así  lo  dispuso y  entonces aceptaba, como  del  todo natural,  que las inmensas rocas y piedras del mundo en la Semana Santa caminaran o  se  movieran y  cambiaran  de sitio avanzando un  milímetro por  cada siglo…
Cuando Dios andaba por  la  tierra, decían mis  abuelos,  todos en  el  pueblo  creían en Él y  nadie  le  cerraba  la puerta de  su  casa…Y en atención a  lo  que estos   me decían,   entonces  Dios entraba a  la casa de Demetrio, daba  los  buenos  días, se sentaba en  un  taburete y  se  tomaba  un  café en la esperanza del   día  en  que  le  haría a este  el  milagro  de  darle  la  vista por  su  fe…Demetrio  era  ciego. 

...Y entraba después  a la casa de   Conchita,  la  saludaba y  le curaba su eterna jaqueca y   la peste a sus  gallinas…Y entraba a  la casa de  Rebeca y  le maduraba  los  mangos  y  las guayabas  y  las guanábanas  del  patio para  que las vendiera.

 ...Y  entraba a  la de Josefa  y  la  ayuda a moler  la masa de maíz para  las arepas…Y  en  la de  Gastón,  a la señora  Lina,  la  ayuda a ensartar la aguja  de  su  máquina de coser…Y  en  la de mi  abuela Cristina, le hallaba los  tres aceites, el aceite “Tres en  Uno”,  como  los llamaba ella  y,   con este  quitarle,  con tres  goticas, el chirrido a las oxidadas  bisagras de las puertas de  su  casa… Y  así,  ubicuo en  su  condición, estaba  en  todo lugar…En  la  carnicería  donde Mauricio  Molinares,  el  matarife,  pesaba  sin  falla la  libra  de carne; en la escuela de primaria petrolizada por  los niños  listos para recibir  su clases;  en la casa  de  los enfermos pelándole los dientes a todo mal y  en  los fogones de  las cocinas ardiendo la  leña de los almuerzos…Y en la bendición  del agua de  la  pila bautismal cristianizando niños…Y  también estaba en  el  silencio  de  las calles  a la hora del rezo;  en el  sudor del  campesino  tirando machete en  el  monte a su labranza de  maíz  tierno  y  patillas rojas. ..Y no se iba del pueblo sin antes ir  a la alcoba  matrimonial de  los esposos felices…Así como igualmente, por  la escalera de madera  de la iglesia, peldaño por peldaño,  subir a la torre y tocar   las campanas para misa sin anatema…Y  se volvía “el santo remedio” en el  prodigio contenido  de  los medicamentos que nos  vendía la “la Niña Merce”  en  su  botica salvadora  de  vidas en  tiempos en  que hasta  la saliva en  ayuna  curaba…Y dejaba  Dios, fijos en  su  lugar,  a los  cuatro  puntos cardinales  y  así  no  hubiera más perdidos ni  extraviados por el mundo…Por lo que el  norte, quedaba en  el  norte;  el sur,  en  el  sur;  el  este,  en  el este y  oeste,  en  el oeste por  los siglos  de  los siglos  amén…Y  así  la  gente, por  fin,  sabía  dónde  estaba parada…

Cuando  Dios  andaba  por  la tierra,  los hombres y  mujeres,  al salir y  llegar a sus  casas, se persignaban y el odio entre humanos  no  cabía siquiera en  la punta  de un  alfiler…Y al  gemido y  pujido de la mujer  pariendo,  todos corrían a ayudarla a que pariera  por la  vida…

Todo pueblo  que se respete tiene una bruja bien  bruja que  de  noche  vuela en  su escoba y cuando  Dios andaba  por  la  tierra, también iba a la casa de esta para sacarle el diablo y  partirle la  escoba…

Cuando Dios andaba por  la  tierra, el  alcalde del  pueblo  no  abusada de  su  autoridad y  aplicaba a todos  la ley y  las  gentes devolvían  lo  prestado y lo  robado y   cuando estas mismas  gentes morían,  morían, morían en  santa  paz y  confesados…

Cuando  Dios andaba  por la  tierra,  los policías del  pueblo se morían  de  aburrimiento a la sombra de los almendros del parque sin  ladrones para coger  y  meter presos…Y  nadie  ignoraba  indiferente la  voz infantil  que a grito  herido, en la puerta de la casa,  decía:  ¡Compran bollooo!

Cuando  Dios andaba  por la  tierra,  los viejos del  pueblo se  paseaban  por  sus  calles en  la respuesta  de muchos  adioses y en  la  consabida pregunta del  cómo  está, llevando  en sus  bastones de guayacán los años de cada  experiencia y  uno les espantaba  los perros que les  ladraban…Y  nadie  les negaba  un  vaso  de agua…

¿Cuándo  volverá Dios a andar por la  tierra? Yo  le  prestaría un  caballo por  si  viene  cansado y  un abrigo  de  lana  por si siente  frío…Y  un  sombrero  por si  el  sol de la  canícula  golpea en  su  cabeza… 

…Pero a veces creo que Dios, cubierto  de  olvido en medio  del  bullicio  de este mundo, sí pasa por la tierra y que la  gente,  a diferencia, como sí lo  hacía  la  gente de antes,  no  le  abren la  puerta porque con el  viento se  les mete el  polvo  de  la  calle y, molestas,  les  toca barrer la sala…

¿Hay golpes repetidos en  tu cerrada puerta? Abre, abre, córrele  el  cerrojo. Espanta  el  perro,  de pronto sea Dios que quiere agua…o  un  humeante café en  tu  compañía… Dale,  dale hospedaje,  dale techo…Y  que el  vil judío  no le  mate de  nuevo,  refúgiale…
De hechos así, de  estos  hechos incomprensibles  e inabarcables en  mi  infancia,    me  hablaban mis abuelos y  entonces aceptaba  como  del  todo natural que la Semana Santa, las  inmensas rocas y piedras del mundo  se  movieran y  cambiaran  de sitio avanzando un  milímetro por  siglo cuando  Dios  andaba por  la tierra…

Walter  Pimienta 

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