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-Molino de papel-
Historia de un viejo de 27
Cuentos y relatos globales. 28.02.26 
Escribe; Walter Pimienta J.- Aquel domingo de octubre, y tenía que ser es en octubre porque en octubre ocurren cosas raras como estas, Joaquín Daniel Domimgues Salazar, temprano, al levantarse como de costumbre, antes que Ana María, su esposa, y que su pequeña hija, Ursula Amaranta, este nombre lo sacó de las personajes de “Cien años de soledad, pues era un consumado lector de las obras de García Márquez, en chancletas y pijama, caminando en la semi penumbra, por instinto encendió la bombilla de la sala, se miró al espejo y, asombrado, se dio cuenta que, sin dolor de ninguna clase ni en ninguna parte, la mitad de su cara se le había envejecida de pronto y así también el ojo de ese costado, lo tenía achicharrado y enmarcado en unas pestañas largas y la piel con arrugas, Media cabeza llena de canas y le había salido un medio naciente bigote y una media barba de pelos blancos y duros.
Joaquin Daniel, a noche que había pasado ya, se acostó a dormir de 27 años, tres meses y quince días de edad y ahora, al despertar, del lado izquierdo de su rostro amanecía como teniendo 98 y como si el reloj de su vida, desaforado de horas, minutos, segundos y décimas de segundo, de súbito, lo pusiera a vivir 71 años más , así, de golpe. 
Pero el acontecimiento no paró aquí.

Fue al baño, tambien prendió la luz, se quitó la ropa, se observó todo e igual la mitad de su cuerpo, del mismo flanco, desde el cuello hasta el pie izquierdo, se le veía aviejado como tierra árida, flácida y sin consistencia. Y claro que lloró. ¿Quién no lloraría si de repente le ocurre algo así? Tembló, sintió frío, un frio que se le incrustaba en los huesos.

El caso, nunca antes conocido en Sabanalarga ni en sus corregimientos, caseríos y veredas, no pudo ocultarse por mucho tiempo de parte de los familiares de Joaquín Daniel, y lo peor era que a este, día tras día, se le veía media cara más rápido de vieja que lo normal y, entre vecinos ya se hablaba de que, genéricamente, de una situación de envejecimiento prematuro y tan acelerado, jamás de los jimases se tenía historia en el pueblo.

Llevaron a Joaquín Daniel donde el doctor Andrés Pérez Gonazales, geriatra en adultos mayores, lo examino de pie a cabeza, le hizo pruebas de reflejos, de tiempo y reacción; de estímulo visual, de extremidades superiores e inferiores, se le ordenó una radiculopatía de nervio pinzado, le mandaron medicamentos opioides, le recomendó fisioterapia y masoterapia sin dolor y unos analgésicos; aplicación de frío y calor. En otras palabras, dichas por el mismo facultativo, Joaquín Daniel padecía del síndrome de Werner a nivel cutáneo y le aconsejaron no exponerse demasiado al sol; al tiempo que le empezaron a tratar de cataratas y de una medio diabetes tipo uno.
Definitivo, Joaquín Daniel, no envejeció despacio sino de súbito, como envejecen algunos árboles del parque del pueblo a los que se le caen las hojas sin hacer ruido...

Desde entonces, Joaquín Daniel empezó a vivir la vida parcial de un joven viejo o de un viejo joven de 27 años. La empresa donde trabajaba en Barranquilla, lo liquidó y con medio papeleos y más medio papeleos, con medio abogados, medio dimes y medio diretes, por no ser un joven total ni un viejo completo, le dieron una media pensión; con esto medio vive más la ayuda de Ana María quien hace de docente oficial en la Escuela No 1 de Niñas en el asentamiento rural de La Piedra.

...Y ahí está Joaquiín Daniel. Lleva 12 años en estas y, dada su condición, estas son, apenas, algunas medio cotidianidades que medio hace: ama a Ana María y a Ursula Amaranta y a todos los suyos, a medias; igual a sus amigos. A García Marquez, ahora, lo lee a medias, está medio muerto, habla mediodía y el otro medio lo permanece en silencio, soluciona las cosas a medias, dice medias verdades y medias mentiras; medio sueña, medio fantasea y medio tiene esperanzas; medio recuerda las cosas, medio bebe agua, medio come, medio camina y ese medio camina se lo pasa a diario fotografiando a los pájaros que llegan a un palo de níspero que hay en el patio de su casa....Y así también, medio sonríe, medio orina y medio defeca y medio se baña; medio duerme, medio hace el amor, medio cierra las puertas y las ventanas, medio ve, medio sale a la calle, medio se acerca y medio se aleja...Y siendo como es, es un todo que existe para vivir media vida y no media vida...por lo que su mujer, en el lamento de su desgracia, hablando con sus compañeras de trabajo les dice: - “Compañeras, soy casi medio viuda”.

No podría decirse, sin embargo, que Joaquín Daniel, a pesar de todo, viva medio indiferente a su condición de media vida estremecido en sus propias incertidumbres, ocurre que a pesar de su decrepitud, de su media parte joven salen inequívocos medio saberes algo expresivos y concisos que medio transmite sabiduría o consejos que hacen pensar a uno cuando dice:

-“Tengo el corazón medio cansado de un hombre de ochenta años del lado izquierdo y del lado derecho, la mirada completa de un niño que aún se sorprende viendo volar una cometa”.

-“He vivido tanto en tan poco tiempo, que vivir el futuro ya no me asusta, me aburre”.

-“La tragedia de mi vida tiene un solo tiempo, el presente de ser un joven y un viejo y un viejo y un joven a la vez sin futuro”.

-“Por mi lado izquierdo soy muy viejo para preocuparme por las cosas que en la vida no hice, y por el lado derecho tampoco me preocupan las que puedo hacer...igual para jóvenes y viejos y para viejos y jóvenes, la vida sigue...no igual, pero sigue”.

No faltan en Sabanalarga las burlas en la vida de Joaquín Daniel, le dice “café con leche”; mitad café y mitad leche. También l e dicen a.m. , en horas de la mañana y p.m., en las de la tarde, mientras la risa explosiva de quienes lo ven pasar por el parque con un bastón en la mano izquierda, espanta a las palomas. Y él, a estos, medio les mienta la madre,

Una tarde que había nubarrones, antes de que medio lloviera, debajo del palo de níspero del patio de su casa, Joaquín Daniel medio fotografío un canario que indeciso inició su medio vuelo. Él mandó a revelar la foto y el pájaro salió medio borroso. Y al verla, consciente de su detrimento, esto fue lo dijo al verla

-Esta es mi realidad. Menos mal que mi ojo derecho la ve clarísima.

Walter Pimienta J.- 

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