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-MOLINO DE PAPEL- De la batea de Prima Clara a las lavadoras modernas de hoy | | Cuentos y relatos globales. 09.11.25 | | Escribe; Walter Pimienta J.- Hace no tanto tiempo, prima Clara, logrando ver el crepúsculo del siglo XX, a mano, en su batea, debajo de la sombra de un árbol de tamarindo, con jabón de bola, agua de su pozo inacabable, a manduco, a sol y a pulmón, lavaba y extendía en su patio la ropa del mundo, haciendo de esto en vida su humilde y más honrado trabajo al lado del señor Facundo, su compañero de eternos amores, con quien, empleado él de sí mismo como campesino, juntos, COMO Dios manda, criaron y levantaron 10 hijos… La batea de prima Clara solo se “apagaba” cuando ya no había sol y se encendía de nuevo al día siguiente si lo había…Y cuando llovía, ella y su batea descansaban… Prima Clara lavaba como un llamado a la obligación del bíblico mensaje: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”…y fue este siempre su resignado y hacendoso quehacer sin que la humilde mujer de quien escribo, pensara que la tecnología, en el afán de cambiarlo todo, un día innovaran su trabajo y su bregar y este, hoy solo sea cosa del pasado haciendo del mismo, quizá para algunas, de pronto, un recuerdo grato. Antes, una batea no era una simple batea, era para las mujeres doblar el lomo frente a ella, como lo habían hecho ya las abuelas y bisabuelas y, enseñadas por estas, empezaron a hacerlo también sus nietas y bisnietas… | Conocí la batea de prima Clara, era una bandeja de cemento artesanal, hecha para sus manos, útil hasta la última utilidad del provecho…Hecha de granito, cemento, alambres y arena…Yo la visitaba, le llegaba a sus espaldas con mi bulto de ropa sucia y sin entender su susurro, no sé si ella cantaba a la vida o su batea lavando ajeno…Y después en el tendido de alambre, la batería potente del sol, gratuito de rayos, se le secaba toda…
-Le traje el jabón- le decía.
-Roguemos a que el sol no deje de asomarse- me decía- a veces se acobarda.
No sé cómo hacía prima Clara para, con su manduco casero, no partirles a las camisas un solo botón…Se nos fue con su secreto.
Creo que no queda ahora en el pueblo una sola batea como la de prima Clara, patrimonio vivo y tesoro de un tiempo, recuerdo genuino de las familias de otrora.
Durero, el gran pintor del Renacimiento, murió sin conocer ni pintar a prima Clara, un ángel de la batea, solo que los ángeles terrenales no tienen alas y que si son lavanderas no tienen edad ni una corona de laurel en su cabeza sino un pañuelo anudado contra el sol y la melancolía de una fatiga y un cansancio de hoy que es el de mañana y el de pasado mañana…Un ángel que restriega, enjuaga, exprime y tiende al aire la blanca ropa y ofrece al mundo un aroma a limpio entre pompas de jabón…Prima clara era un ángel terrenal que trabajaba más de ocho horas: lavaba, tendía, almidonaba y planchaba entre los vapores de sus planchas de hierro y candela… cuidándose de no mojarse debajo de los aleros porque el tétano la volvía pensativa y así la vi en atardeceres enmudecida, restaurando con sus manos la ropa ajada como queriendo quitarle las arrugas a la vida…No conoció días de placer ni de pereza queriendo también quitarle las manchas del alma a la ropa de la falsa sociedad.
Así pasó la vida prima clara, entre su batea, el humo de su hornilla y el fuego de leña de su fogón cocinando algo, y el invierno inacabable de su pozo y su llanto oculto que nadie veía…Y su ropa lavada tenía el fresco olor de la primavera y su casita limpia, de barro, piedra y ladrillos, guardando siempre la paz donde pernoctaba Dios y en medio de su tristeza un rostro sonriente que mojaba en agua sus penas entre sueños y quimeras…
Prima Clara, amén de ropa sucia, lavaba ilusiones…y era su trabajo un acto sacramental…Pero que sardónica es la vida…Hoy la batea de prima Clara no tiene poemas aleatorios ni románticos como antes y el acto humano de lavar es otra cosa: se enciende la lavadora y se apaga a control remoto, hace posible lo cotidiano, ya el lavado no es manual, es digital; prometen sus marcas toda comodidad y eficiencia y la posibilidad de encenderla desde el trabajo y desde ahí recibir la alerta de que ha terminado de lavar o de que le falta un ajuste de detergente y dicen sus sensores, de manera repetida, con una voz de robot: “Pase a cepilladlo”…”Pase a cepillado”…
El lavado de la ropa en una lavadora de las de hoy, almacena todo en su memoria…El lavado de la ropa en manos de prima Clara, acumulaba en su memoria experiencias y tenía la rutina cantarina del chorro de agua cayendo desde su totuma en la precisión de un canto humano.
Las lavadoras de hoy son tecnología conectada. La batea de prima Clara, un canto a los trapos, sobras de jabón sobre jabón…un frotar de manos restregando de buena voluntad sabanas de blancura y hamacas y lienzos de camas lavados con lejía para un nuevo placer…
La lavadora de hoy no necesita del viento, ni del silencio ni de la espera…La batea de prima Clara esperaba la ropa sucia y un sentimiento de ausencia cuando no había clientas y el día era vacío y un estar sobre la nada.
Hoy prima Clara, al pasar los años, de regreso, usted no tendría trabajo y seguiría vieja y cansada, acostumbrada a la soledad de su batea, ausencia de los años que se fueron como espuma de jabón…
Hoy, prima Clara, entérese, las nuevas lavadoras tienen chip y WiFI y “piensan” y pesan sobre su batea, si es que esta aún existe, tantos sueños aplastados…Yo guisé mi niñez y juventud en la ropa que a mi casa, con acuerdos de piezas pagadas a peso, exorcizando sentimientos de consideración, nos lavaba prima Clara haciendo de la vida un poema con espumas, espumas que se fueron porque eran de jabón…
La lavadora de hoy se daña y trae las explicaciones de su arreglo en inglés.
La batea de prima Clara, en cambio, nunca se dañaba, solo se enfermaba si ella enfermaba y aun así trabajaba…
Qué tristeza…
Nada es para siempre… Llorar no es perder…. |
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