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"Es el mercado, amigo": una reflexión ferroviaria | | Eduardo Madroñal Pedraza. 30.01.26 | |  La frase que encabeza este escrito, ya clásica, fue pronunciada por el ex vicepresidente del gobierno y ex ministro de economía (y ex delincuente) Rodrigo Rato para justificar las pérdidas de capital tras el colapso de Bankia por cuya negligente gestión fue a la cárcel (1). Y es que ya sabemos cómo funciona "el mercado" en un contexto de capitalismo neoliberal cada vez más desbocado. El único criterio a seguir es la maximización del beneficio cumpliendo lo justo las normas que el malvado estado (el pueblo soberano) nos impone para evitar las injusticias y efectos colaterales indeseables no contemplados y derivados de esa perversa premisa del sistema en tanto que no reportan beneficios sino pérdidas (abusos laborales, contaminación ambiental, garantías de seguridad...) Cuando hacía el año 20 el gobierno del PSOE liberalizó el servicio de Alta Velocidad ferroviaria (les gusta decir que son de izquierdas pero promueven sin rubor la economía neoliberal imperante) nos vendió la moto clásica neoliberal de que la privatización mejora el servicio y abarata los costes (2). Y esto, que en parte es verdad, requiere hacer importantes (y, en ocasiones, peligrosos) matices. Veamos. | Gracias a la irrupción de los operadores privados la frecuencia de trenes entre Madrid y Andalucía se ha duplicado, como mínimo, desde antes de la liberalización hasta ahora (3). Esto quiere decir que el tramo entre Madrid y Córdoba (que fue sufragado con fondos públicos) soporta ahora el doble de tráfico. Esto, ya digo, nos abarata mucho el viaje y permite que todos vayamos a Madrid cada vez que queramos a un precio razonable y en poco más de dos horas, lo cual es magnífico. Pero que las vías soporten el doble de carga supone que la inversión en mantenimiento debe ser mucho mayor. Sin embargo, nos dice nuestra amiga la IA que "...el presupuesto por cada kilómetro de vía ha descendido un 16% en la última década (2015-2025) debido a que la red crece más rápido que la asignación de fondos...". Y este gasto de mantenimiento no sólo no debería disminuir sino incrementarse proporcionalmente a medida que sometemos a las infraestructuras a cargas cada vez mayores.
En definitiva, y más allá de los resultados de la investigación que se está llevando a cabo en relación al terrible accidente de Adamuz y las eventuales responsabilidades que puedan derivarse, el hecho es que el AVE surgió como una magnífica inversión en transporte y comunicación de cara a la vertebración del territorio. Pero al liberalizar el sector, entramos en la dinámica del capitalismo neoliberal que tiende a maximizar los beneficios privados para lo cual se llega a duplicar el tráfico (con las consecuencias positivas de abaratamiento e incremento de frecuencias, sí) estrujando al máximo las posibilidades de la infraestructura que lo soporta: las vías. Y pasamos de un servicio ágil, eficiente y puntual (y caro, sí) a un servicio mucho más incómodo, caótico y, como estamos viendo, peligroso.
El sistema capitalista neoliberal de crecimiento infinito no funciona sin una adecuada regulación pública que contemple las limitaciones derivadas de la prestación de un buen servicio, un buen precio y las externalidades no contempladas por el sistema capitalista: la eventual contaminación y ocupación del territorio. Y la seguridad. Porque, ¿hasta cuándo vamos a seguir incrementando las frecuencias de trenes sin que "pete" el sistema? ¿estamos dispuestos a soportar un gasto en mantenimiento (cuyo crecimiento, lejos de ser lineal, deberá ser exponencial) para saciar el crecimiento infinito demandado por el mercado? ¿duplicaremos las vías para permitir volver a duplicar las frecuencias? ¿o las triplicaremos?
Debe ser el estado (la soberanía popular) el que, levantando la vista al horizonte y contemplando todas las externalidades y daños colaterales de estos negocios que los operadores privados ignoran por la propia concepción del sistema, decidan el máximo de presión que (en el caso que nos ocupa) deben soportar las infraestructuras férreas, lo regulen adecuadamente e inviertan en mantenimiento (cargándoles a los operadores privados la parte que le corresponda, faltaría más) lo necesario para que el margen de seguridad sea lo suficientemente holgado. Algo que parece que ha fallado en este terrible caso.
Y es que, aceptémoslo de una vez, estamos ya llegando a los límites absolutos de nuestras posibilidades. El petróleo lleva ya casi diez años sin poder remontar su producción y empezando a caer (véase la operación fascista neoimperialista de Trump para apropiarse del petróleo venezolano); la escasez de diesel está generando ya problemas en países sudamericanos como Bolivia y Argentina o africanos como Nigeria; la creciente demanda de minerales poco abundantes pero cruciales para el desarrollo de nuevas tecnologías (en el supuesto de que haya energía suficiente para soportarlas, 4) está empezando a dar síntomas de colapso (véase la pretensión neoimperialista de Trump sobre Groenlandia). La contaminación planetaria está ya llegando a niveles insoportables y la ocupación del suelo, deforestación y crisis de biodiversidad amenaza cosas tan básicas como el suministro de agua potable y la regulación del clima (el calentamiento global desbocado no sabemos hasta dónde llegará).
Sin embargo, seguimos apostándolo todo a la carta del (físicamente imposible) crecimiento eterno e infinito inherente al capitalismo neoliberal que ignora todos estos efectos colaterales mencionados anteriormente para centrarse exclusivamente en el crecimiento de los beneficios económicos.
Como ejemplo de triste actualidad que da pie a esta reflexión, el servicio ferroviario en España, en lugar de enfocarse a dar un servicio razonable y seguro a la ciudadanía (sin dejar de lado el necesario y olvidado transporte de mercancías) se ha dejado "libre" para que sean los (interesados) criterios empresariales los que lo desarrollen creciendo desbocadamente hasta acercarse a límites difícilmente gestionables y muy peligrosos que han desbordado a los gobiernos neoliberales que, con más o menos sensibilidad social (que a poco más se reducen las diferencias) nos llevan gobernando desde siempre.
Y este es sólo un ejemplo de la carrera desenfrenada hasta el abismo (acordémonos de lo que se nos viene encima en asuntos tan básicos como la sanidad o la vivienda, ambos ya en caída libre ante la inoperancia del sistema...) en que nuestra sociedad sin rumbo está inmersa siguiendo la inercia general e indiscutida del capitalismo neoliberal imperante al inquietante grito de ¡VIVA LA LIBERTAD, CARAJO!!
¿Seremos capaces de parar a tiempo esta tendencia suicida?
Pues no, claro que no. Porque el neoliberalismo capitalista es una especie de paradigma incuestionable e intocable que cimenta nuestra la sociedad.
Es el mercado, amigo.
Eduardo Sáez Maldonado
(1) https://www.dailymotion.com/video/x6cumdl
(2) https://www.libertaddigital.com/libremercado/2019-11-29/billetes-ave-25-euros-liberalizacion-gobierno-renfe-pedro-sanchez-1276648761/
(3) https://www.motorpasion.com/seguridad/descarrilamiento-dos-trenes-alta-velocidad-reaviva-debate-seguridad-ferroviaria-datos-concluyentes-seis-anos-hay-77-pasajeros-siniestralidad-no-se-ha-disparado
(4) https://www.facebook.com/share/p/17wxA2iquA/ |
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