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El último ruiseñor
Eduardo Saez Maldonado. 14.11.23 
De los cuatro evangelistas, Juan era, de largo, el más interesante. En el Apocalipsis (1), Juan nos relata una especie de metáfora del fin del mundo que se produce al abrirse el séptimo sello: “El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.” (Ap 8, 7) seguido de otras muchas más catástrofes. Y es que un fin del mundo catastrófico está en nuestro imaginario colectivo, seguramente por culpa de estos pasajes bíblicos y porque nuestra moral juedocristiana no pierde de vista el castigo por nuestros innumerables pecados. Muchas películas de catástrofes planetarias también han contribuido a mantenernos alerta ante inminentes desastres. Sin embargo, la evidencia de que nuestra civilización se está acercando a un punto de no retorno es cada vez más apabullante, y nuestra pasiva actitud antes los innumerables indicios que tenemos ante nuestros ojos no nos hace ser muy optimistas. Hace unas semanas leíamos en la prensa una reseña sobre un preocupante informe climático que se acaba de publicar, y que, de alguna manera, resulta algo más inquietante que otros informes con los que somos bombardeados (infructuosamente, por otra parte) de forma permanente. Veamos.
El cambio climático provocado por nuestra inconsciencia ha llegado este año 23 a un punto muy singular. El programa de la Unión Europea de observación y monitorización de la Tierra, Copernicus, publicó hace unas semanas un interesantísimo e inquietante informe sobre las anomalías térmicas registradas (2). En dicho informe llamaban la atención dos gráficas que se reproducen junto a estas líneas, y que reflejan la evolución a nivel planetario de las temperaturas medias del agua y del aire desde hace unos 80 años. Y lo que llama la atención de ambas gráficas son dos cosas. La primera es que a medida que pasan los años, las temperaturas medias han ido subiendo paulatinamente de acuerdo con lo predicho por la ciencia como consecuencia de la actividad humana. La segunda conclusión, aún más inquietante, es que este año, que se inició más o menos donde le correspondía (es decir, en la zona alta de los registros de temperatura de acuerdo con la evolución del calentamiento global observado), se desvió a partir del verano superando desde entonces, y con gran diferencia, todos los registros de los últimos 80 años de forma persistente y hasta la fecha. No sólo en estas dos gráficas que reflejan la temperatura media del agua y del aire, sino también en la que refleja la superficie de hielo polar que también se ha caído.
El informe recalca que este año es el más cálido a nivel planetario desde que hay registros. Pero al mirar las curvas notamos que hay algo más. No solo es el más cálido, sino que la dinámica térmica se ha separado claramente de la línea de crecimiento lento desde los años 40. Y nadie sabe cuál va a ser la evolución.
Y, en general, los datos preocupantes no sólo tienen relación con el Cambio Climático. El agotamiento de los recursos, en particular energéticos aunque no sólo, tampoco auguran nada bueno a corto plazo (3). Y la famosa transición energética hacia energías renovables (por lo demás la única opción que tenemos como civilización) se encuentra con serios problemas técnicos que, más allá de otras consideraciones relativas a la disponibilidad de materiales para llevarla a cabo (4), está impidiendo que se desarrollen a la velocidad que se requeriría para que la disponibilidad energética no se desplome. Así, por ejemplo, los aerogeneradores de última generación (“…mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento…”) están teniendo muy serios problemas técnicos que han llevado a la UE a aprobar medidas de rescate de las empresas fabricantes para que no se caigan (5).
Todos estos datos técnicos deberían estar entre las principales preocupaciones de nuestras sociedades occidentales. Sin embargo, aquí en España no estamos tan preocupados por estos trascendentales asuntos como por las negociaciones del PSOE con el nacionalismo catalán más chantajista mientras que el nacionalismo español más rancio encuentra motivos sobrados para tomar las calles con gritos y símbolos ciertamente inquietantes.
Pero los gráficos de Copernicus son tozudos, y cuando uno los mira con detalle siente que algo se ha roto en Gaia este verano. Y tomamos conciencia de que los cambios que se requieren para solucionar de forma ponderada los verdaderos problemas de la sociedad son tan profundos que requieren una revolución total en nuestro sistema social. Y entonces comprendemos que no se van a abordar estos cambios. Que es imposible. Que estamos en otras cosas. Que nos preocupa más cómo ha quedado el Madrid- Barsa de este domingo. Y sentimos un desasosiego interior que se eleva por encima de los manifestantes que, con exceso de ardor patrio, y en tanto que derecha neoliberal, permanecen ignorantes de todo aquello que no sea promover el crecimiento económico y el mantenimiento de los privilegios de los privilegiados. Y entonces uno ve gente gritando edificantes consignas como “Pedro Sánchez hijo de puta” o “somos nazis” o “que te vote Txapote” o “Puto rojo el que no bote” o “España cristiana, no musulmana” mientras entonan el “cara al sol”. Y uno siente que no hay nada que hacer; que nadie va a dar importancia a estas evidencias científicas; que vamos a seguir obstinados en pelearnos entre nosotros por chorradas; que tenemos que exterminar a los palestinos para quedarnos con la “tierra prometida”; que no vamos a tomar nunca las (radicales) medidas necesarias para asegurar un futuro sensato. Porque cuando un partido se presente a las elecciones diciendo que la economía no puede (por físicamente imposible) seguir creciendo, y que debe empezar a gestionarse un decrecimiento sensato, en contra de toda ortodoxia económica, vendrán entonces los salvapatrias a prometer un futuro brillante y prometedor, un futuro cara al sol, y los votaremos sin dudarlo.
Y entonces, perdida ya toda esperanza, miraremos al horizonte, a donde nuestra arrogancia nos impide mirar como sociedad, y nos acordaremos del inquietante Apocalipsis de San Juan mientras leemos los tristes versos de Villaespesa:
“Y entonces, el último ruiseñor que aliente sobre el Mundo, fabricará su nido y entonará sus cánticos, como una despedida, entre las ruinas gloriosas de la Alhambra”

Eduardo Sáez Maldonado


(1) https://www.iglesia.net/biblia/libros/apocalipsis.html
(2) https://climate.copernicus.eu/copernicus-october-2023-exceptional-temperature-anomalies-2023-virtually-certain-be-warmest-year
(3) https://www.uoc.edu/portal/es/news/entrevistes/2022/032-antonio-turiel.html
(4) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-59082543
(5) https://www.elespanol.com/invertia/empresas/energia/20231024/bruselas-presenta-plan-rescate-industria-eolica-presion-china/804419745_0.html
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