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La Telefónica saudí: "cállese, señor González"
Eduardo Saez Maldonado. 27.09.23 
Leíamos el otro día en la prensa que una empresa de Arabia Saudí (teóricamente privada pero controlada por el gobierno) había comprado por dos mil y pico de millones cerca del 10% de Telefónica. Así, como el que se compra cuarto y mitad de chopped... La repercusión de la noticia no ha sido escasa y se ha hablado bastante del tema ya que el Gobierno Español entiende que es una empresa estratégica de interés (más allá del control masivo de datos) en la seguridad nacional. La operación, además, ha intentado bordear la legislación (reciente) española que permite al Gobierno objetar cuando se llega al 5% del accionariado de empresas consideradas estratégicas para la defensa nacional, y Arabia ha comprado un sospechoso 4,9 % (más un 5% adicional indirectamente para no llegar al 10% que permite al Gobierno intervenir). El Gobierno ya ha anunciado que estudiará la operación en el plazo de tres meses de que dispone con objeto de, eventualmente, poner algún tipo de objeción. Todos los medios de comunicación discuten detalles de la noticia, opinan sobre la afirmación saudí de que no tiene intención de inmiscuirse en la gestión de la empresa (algo de lo que nadie duda, faltaría mas), sobre la conveniencia o no de aprobar la operación o bien bloquearla o poner reparos etc. Pero nadie se hace la que, en mi opinión, es la pegunta clave en todo este embrollo: "¿cómo es posible que una empresa estratégica para la seguridad nacional esté en manos privadas?".  Veamos.
Las empresas privadas, como su nombre indica, pertenecen a sus accionistas y tienen como objetivo principal el lucro. Si no dan beneficios suficientes entran en quiebra y cierran. Así funciona el sistema capitalista y este es su único criterio. Luego, los estados modulan más o menos estas actividades económicas privadas ya que, al ser el dinero lo único que las mueve, a veces generan problemas en la sociedad que tienen que ver con derechos laborales, prácticas desleales, contaminación ambiental, sobreexplotación de recursos etc. Pero hay determinados sectores que son considerados estratégicos porque, o bien son críticos para la seguridad nacional o bien suministran servicios básicos elementales que el estado entiende que deben estar garantizados. O las dos cosas. Hablamos de comunicaciones, sanidad, educación, energía, banca... En estos sectores, en tanto que estratégicos, los estados se reservan el derecho a intervenir en determinadas circunstancias permitiéndoles, eso sí, lucrarse sobradamente el resto del tiempo. Algo que, no sólo la derecha neoliberal, sino también el socialismo (devenido en socialdemocracia) se ha afanado en promover con gran desenvoltura desde los ochenta.

Debemos hacer, llegados a este punto, una distinción entre el liberalismo decimonónico, cuyo punto de inflexión fue la Revolución Francesa (donde todo comenzó) y que tenía una base sociopolítica de revolución contra la tiranía histórica de las élites, y el neoliberalismo económico que lanzaron definitivamente Reagan y Thatcher en los años ochenta (tras el criminal experimento ultraliberal del Chile de Pinochet auspiciado por USA). Y debemos distinguirlos porque los actuales "liberales" gustan de apropiarse de la herencia de ese liberalismo decimonónico confundiendo a la gente (la alcaldesa de Madrid habla mucho de libertad para tomar cañas etcétera) cuando en realidad se trata de un liberalismo económico que aspira a minimizar el peso de los estados dejando toda la iniciativa a la empresa privada que, como sabemos, tiene el lucro como único criterio de funcionamiento, con la esperanza (¿?) de que sea el mercado el que lo regule todo adecuadamente. Pero el mercado, lamentablemente, no tiene en consideración aspectos ajenos al dinero y se puede dar la circunstancia, como podría ser el caso, de que empresas estratégicas pasen a ser controladas por gobiernos sátrapas que funcionan como las monarquías absolutas medievales contra las que el liberalismo decimonónico a que antes hacíamos referencia se rebeló.

Y este neoliberalismo de ahora (de alguna manera antagonista de aquel liberalismo romántico y heroico de Torrijos y Mariana Pineda) no sólo ha sido promovido activamente por políticos conservadores sino que hasta el "socialismo", como hemos comentado, compró la idea. Se empezó entonces a esquilmar el patrimonio del pueblo vendiéndolo al capital privado. En España, sin ir más lejos, las privatizaciones de servicios esenciales (1) empezaron con el PSOE de Felipe González que inició la privatización de Endesa en el 88 que concluyó diez años después con Aznar y el PP. Fue también el PSOE (González) el que inició en el 90 la privatización de Telefónica que concluyó Aznar (y que ahora compran los sátrapas saudíes). Repsol también fue privatizada entre el 89 (González) y el 97 (Aznar, que también privatizó Red Eléctrica, Aceralia, Indra, Iberia y Transmediterránea). Se da la curiosa circunstancia de que Endesa, con el monopolio de la distribución de electricidad en el sur de España, es propiedad mayoritaria ¡¡ del pueblo italiano !! a través de Enel, empresa pública de Italia propietaria del 70% de Endesa en un neoliberal triple salto mortal con doble tirabuzón. Fue, en definitiva, un desmantelamiento del estado orientado a "maquillar las cuentas públicas y reducir el déficit" (2) con el enriquecimiento de amigotes y el consiguiente empobrecimiento del pueblo y pérdida manifiesta de soberanía en favor de las élites económicas como "efectos colaterales".

Y es que la "evolución" del socialismo hacia la socialdemocracia no fue sino una capitulación en toda regla de una ideología, que promovía a priori la igualdad social, ante un capitalismo feroz dirigido por unas élites que aspiraban a hacer negocio con los servicios más básicos de la sociedad. Un negocio millonario porque tiene asegurada clientela universal (todos necesitamos sanidad, educación, transporte y energía) pues lo gestionan entre unas cuantas empresas en un escandaloso oligopolio. Empresas en las que, casualmente, acaban casi todos los políticos (del PSOE o del PP) que han tenido alguna responsabilidad en su gestión desde el Gobierno como miembros del Consejo de Administración en lo que se ha dado en llamar "puertas giratorias" en un vergonzoso escándalo (3). Y del PP no nos extraña tanto porque, al fin y al cabo, la esencia ideológica de la derecha no es otra que el mantenimiento (y acrecentamiento si se puede) de los privilegios históricos de las clases dirigentes, pero del PSOE molesta más porque es una traición ya que se supone que defienden los intereses de las clases más desfavorecidas cuando en realidad lo que han hecho es centrarse en aspectos sociales (por lo demás muy necesarios, todo hay que decirlo) como derechos de trabajadores, de minorías diversas, de LGTBI, feminismo y hasta un (falso) ecologismo que no tiene en cuenta los (cada vez más evidentes y cercanos) límites del planeta y sus recursos, olvidándose de la economía ("es la economía, estúpido", Clinton dixit). Y es que, más allá de este (por lo demás deseable, como digo) "maquillaje" social, si nos fijamos en las políticas económicas (véase Nadia Calviño, liberal de libro) no hay mucha diferencia entre PP y PSOE: liberalismo económico con simples matices.

Afirmaba la Vicepresidenta Económica y Ministra de Economía Nadia Calviño el otro día con gran entereza que:

"Telefónica es evidentemente una empresa estratégica para nuestro país y desde el Gobierno aplicaremos todos los mecanismos que sean necesarios, teniendo siempre en mente y de forma prioritaria la defensa de los intereses estratégicos de España"

No cree la Ministra que los intereses estratégicos de España pasen porque las empresas estratégicas sean públicas y no estén sujetas, por tanto, al lucro sino al bien común como motor de su gestión. No, prefiere no meterse en berenjenales. Pero veremos como el Gobierno (en funciones) estudiará el intento de Arabia Saudí de intervenir Telefónica, pondrá alguna objeción cosmética para disimular (porque Arabia amenazará con retirarnos los contratos de fabricación de fragatas en Astilleros, como ya ha pasado en otras ocasiones), y dirá, como ya han empezado a decir, la histórica y versátil frase de Rodrigo Rato: "es el mercado, amigo". Y es que el neoliberalismo ha llegado a un punto de aceptación general tal que es considerado (hasta por el socialismo) algo inherente a la sociedad. Un paradigma: una especie de dogma de fe inmutable para descojone (me perdonarán el tecnicismo) de las élites que controlan la economía.

Mientras todo esto acontece, el pueblo español tendrá cada vez menos capacidad de control sobre sus comunicaciones (con el peligro añadido que esto supone considerando las maneras con las que Arabia saudí suele conducirse), su energía, su banca, su sanidad y su educación que son gestionadas, cada vez más claramente, no por criterios de bien común, sino por criterios empresariales (ante los que los gobiernos se humillan,-4-) para mayor gloria y lucro de las élites económicas mundiales parásitas y para mayor dependencia y sumisión de un adormecido pueblo distraídos como estamos con el fútbol (cada vez más controlado por los petrodólares, por cierto), con Máster Chef, y con el apasionante Grand Prix de Ramonchu. O bien (que también son distraídas) con las ocurrencias de González y Guerra criticando la claudicación anunciada de Pedro Sánchez (por lo demás ciertamente discutible) a las exigencias de un nacionalismo egoísta (valga el oxímioron) olvidando así (más allá de detalles sin importancia como la OTAN, los GAL etc) que fueron ellos los que vendieron irresponsablemente nuestro futuro en la mayor y más decisiva claudicación de la historia reciente de España. Y han conseguido encima que votemos al PSOE pensando que votamos a la izquierda (del PP ya ni hablamos) para que nada cambie y el descomunal saqueo se cronifique hasta el, quizás no tan lejano, colapso capitalista.

Leyendo el otro día el interesante libro "Simbioética", de Jorge Riechmann, dí con una inquietante afirmación que iba orientada no tanto a la (i)responsabilidad social de nuestros dirigentes sino a la (i)responsabilidad ambiental de la que no hablamos hoy pero que es una consecuencia del mismo sistema capitalista neoliberal, esquilmador y suicida:

"El problema no es que el capitalismo sea un sistema fallido. El problema es que, en su fallo, se lleva al mundo por delante. Si hay seres humanos en el siglo XXII, las élites políticas y empresariales de hoy serán juzgadas con el mismo horror con el que contemplamos nosotros a los criminales de guerra y genocidas nazis juzgados en Nuremberg."

No se por qué, me acordé de los pioneros del neoliberalismo español, González y a Aznar.

Si Torrijos levantara la cabeza...

Eduardo Sáez Maldonado

(1)   https://www.20minutos.es/noticia/2167021/0/privatizaciones/gobierno/aena-loterias-paradores/

(2)   https://es.ara.cat/economia/decadas-euforia-privatizadora_1_4152506.html

(3)   https://www.inventati.org/puertasgiratorias/

(4)   https://www.archiletras.com/poemassentidos/poderoso-caballero-es-don-dinero-de-quevedo/
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