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ALGÚN DÍA...
Natividad Castejon Valero. 24.08.23 
Hoy tengo 56 años. Me he pasado la mayor parte de mi vida trabajando con ordenadores y me defiendo bien con las nuevas tecnologías y las redes sociales. El 99% de las operaciones bancarias las hago desde mi móvil y para el resto me pongo en contacto con el call center.
Pero dentro de unos años puede que no sea así. Seguramente mi cabeza no tendrá la agilidad mental suficiente para saber qué me pide la voz del teléfono cuando me dice "Diga, o teclee, de uno en uno los dígitos de su identificador, omitiendo las letras".
Si he sufrido un ictus, y mi lengua ha quedado afectada, escucharé muy a menudo la locución "Lo siento. No le hemos entendido. Por favor, repita...". Pero por más que repita, no podré vocalizar mejor.
Cuando mis pensamientos y mi mente se ralenticen, o mis dedos pierdan agilidad, me encontraré en más de una ocasión con la sorpresa de que el programa de turno me echa por exceso de tiempo o inactividad, y tendré que comenzar de nuevo.


Me pongo en el lugar de nuestras personas mayores ahora, y me llevan los demonios, porque hasta para pedir una cita médica hay que saber manejar un móvil o un ordenador.

Hoy he visto en un telediario cómo les dan clases a los abuelos para que puedan "soltarse" con las nuevas tecnologías, y me parece indecente.

¿En serio?

Señores, la memoria a corto plazo se deteriora con facilidad a ciertas edades. Una persona que ha usado el mando a distancia de la tele a diario durante años, de repente un día se levanta y ya no recuerda qué debe hacer para cambiar de canal, y termina desconfigurando los parámetros sin querer.

¿En serio le van a dar clases a los abuelillos para que aprendan a hacer un bizum o para pedir un movimiento de su cuenta porque les han eliminado las cartillas bancarias? ¿Ustedes creen que la semana que viene seguirán recordando lo que han aprendido hoy?

¿Tan difícil es seguir atendiéndolos en la ventanilla como se ha hecho siempre? ¿O qué pasa? ¿Que el beneficio que dejan los abuelillos no compensa el sueldo de un empleado?

No sé qué opinarán los lectores, pero a mí me hierve la sangre con estas cosas. Es el colmo de la poca vergüenza.

Desde aquí apelo al trato justo y de calidad que se merecen nuestros mayores, en bancos, ayuntamientos y centros médicos. Que nunca les falte una mano amable para ayudarles en lo que necesiten.

Gracias y saludos cordiales,

Natividad Castejón

 
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