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El "máquina" de Alhaurín. Una reflexión postelectoral de un exconcejal perroflauta
Eduardo Saez Maldonado. 01.06.23 
"Mi reino no es de este mundo"
La frase no es mía, claro. Se atribuye a un tal Jesús de Nazaret hace dos mil años (Jn 18, 36) por lo que reproducirla aquí, además de algo pretencioso, puede que sea incluso irreverente. No obstante, me siento absolutamente reflejado en esa sencilla pero genial reflexión. Siempre he tenido inquietudes medioambientales y, cuando decidí entrar en política, eran estas inquietudes, por encima incluso de las sociales (llamadas necesariamente a confluir), las que me motivaban a tratar de hacer cosas en aras del bien común. Pensaba yo, en mi inocencia, que el respeto a la naturaleza, más allá de los muchos motivos de índole práctica que existen (del tipo de "por la cuenta que nos trae"), podía también apoyarse en un sentimiento general menos interesado y más respetuoso con el entorno. Más "elevado". Pero no, claro.

Nos encontramos con que vuelve a sacar mayoría absoluta (y aún más contundente) el mismo alcalde que lleva décadas manejando con descarados criterios caciquiles la destrucción de la sierra a través de las canteras, y que ahora, con la indiscutible legitimidad que le dan los resultados electorales, destruirá también las últimas hectáreas de la Vega Baja del Guadalhorce sepultándola bajo una cuarta de hormigón para edificar encima su fastuosa Ciudad Aeroportuaria o su depuradora de Mestanza ignorando conceptos como soberanía alimentaria y respeto a la biodiversidad. Ignorando, además, las claras advertencias que, como el cambio climático o el agotamiento de los recursos (empezando por los acuíferos), nos ponen sobre aviso de la debacle que se nos viene encima. Ignorando, pues, todo lo ignorable. Esto es lo que, mayoritariamente, ha votado la gente y es lo que, por tanto, se va a hacer en Alhaurín de la Torre. Pero, ¿qué es exactamente lo que vota la gente en Alhaurín? Veamos.

A mí me gusta mirar los números en relación al censo y no al número de votos porque me parece que refleja más fielmente la realidad.

ABST.                    43,3%
PP                       31,7%
PSOE                     14,4%
VOX                       4,2%
IU/EQUO                   3,8%     
PMP                       0,9%
Cs                        0,6%
En blanco                 0,6%
Nulos                     0,5%

 
La primera reflexión es demoledora. Porque lo que lo determina todo es el pasotismo. Casi la mitad de la población pasa olímpicamente de votar; les da igual quién gobierne, las decisiones que se tomen, si se suben o se bajan impuestos, si se trata más o menos injustamente a los trabajadores, si se respeta el medio ambiente. Pasan de todo. Esta actitud, difícilmente comprensible, es la de casi la mitad de la población, lo que no deja de ser descorazonador.

Pero luego está la otra mayoría, la tercera parte de la población, la que apoya a Joaquín Villanova incondicionalmente, la que avala su actitud arrogante y caciquil, la que ve con buenos ojos la subida brutal de los impuestos municipales, la que apoya con su voto el desarrollismo salvaje que ha guiado durante décadas (y seguirá haciéndolo) una política que nos lleva a una destrucción ambiental irreversible. Esa tercera parte de la población que, conscientemente, delega cada cuatro años, democráticamente, en un dictador para que haga y deshaga a voluntad en el término municipal tal y como lleva haciendo casi tres décadas. Y esto es aún más descorazonador, y nos pone en nuestro sitio: en el sitio de los ilusos que aún creen en una sociedad justa; social y ambientalmente justa. Nos pone en el sitio de la minoría absoluta irrelevante que no se preocupa sólo por el interés particular sino que trata de mirar hacia delante con la vista puesta en el horizonte.

Y si bien los resultados son, sin duda, absolutamente legítimos y, por tanto, respetables aunque nos lleven al suicidio colectivo y voluntario, las esperanzas que cabe mantener en el futuro son más bien escasas porque el criterio generalizado parece ser del tipo de "a mí me va más o menos bien así, y lo demás me importa poco". Y el fondo moral que subyace es, cuanto menos, inquietante.

Definitivamente "mi reino no es de este mundo"

Eduardo Sáez Maldonado
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