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Las evocadoras lunas de Júpiter
Eduardo Saez Maldonado. 26.04.23 
"I hear there is land there, a man has never seen" (1)
El interés de la Humanidad por explorar territorios desconocidos es inherente, no ya sólo a nuestra especie, sino a nuestro linaje. Varias oleadas de especies de nuestro género biológico ("Homo") abandonaron África en distintas épocas de nuestra historia evolutiva. Una de ellas, "Homo sapiens", se impuso (evolutivamente) a otras especies hermanas como "H. erectus","H. floresiensis" y "H. neanderthalensis" imponiendo su hegemonía y singularidad de única especie de su género, más allá de nuestra África ancestral, en Asia, Europa y hasta América.
Esta ancestral naturaleza inquieta ha perdurado como un atavismo durante toda la historia de la Humanidad generando oleadas de "conquistas" de tierras "desconocidas" que, lamentablemente, incluían confrontaciones con los pueblos que las habitaban, frecuentemente devastadoras para los lugareños.
Cuando ya no hubo ningún palmo de tierra (emergida al menos) por explorar (y con demasiada frecuencia, y lamentablemente, por devastar), la Humanidad empezó a poner su mirada fuera de la Tierra, una vez que los avances tecnológicos lo permitieron. Primero fue, como tantas veces, por interés estratégico y supremacista (USA vs URSS), para pasar a ser finalmente por mera inquietud, por curiosidad, y por interés científico.
Los que, siendo unos chavales soñadores, leímos con avidez, fascinados, el legendario "Cosmos" del grandísimo astrónomo Carl Sagan, no pudimos abstraernos a la gran pregunta de la Humanidad. ¿Estamos solos en el Universo?  Y no pudimos menos que emocionarnos con la estremecedora y más que recomendable reflexión que el gran C. Sagan hizo sobre "Ese punto azul" que la Tierra representa en el Universo (2). Reflexión que, a estas alturas, aún nos sigue sobrecogiendo y que debería comentarse en los centros de enseñanza.
El físico de la Universidad de Valladolid, Carlos de Castro, mantiene una defensa de la teoría Gaia, original de James Lovelock (y Lynn Margulis), que considera la Tierra (la Biosfera) como un sólo sistema ecológico global (un ecosistema) que se autorregula y que (y esta es la principal aportación de De Castro) se comporta como si fuera un superorganismo (3). Y la diferencia entre comportarse "como si fuera" y "ser" es sólo de naturaleza metafísica y nos obliga a contemplar con seriedad la posibilidad de que la vida en la Tierra no se haya originado aquí y que, por lo tanto, haya otros muchos mundos vivos, otras muchas Gaias repartidas por el Universo.
Esta inquietud es la que originó, tras la llegada a la luna y el final de la testosterónica carrera espacial, los proyectos por los que se lanzaron varias sondas al espacio (las Voyager) que aún siguen vagando por el vacío sideral, y que contienen emocionantes mensajes para que eventuales civilizaciones extraterrestres que pudieran interceptarlas en algún momento, tuvieran conocimiento de nuestra existencia (4). Y es la misma inquietud que llevó a enviar vehículos todoterreno a Marte (los Viking) para explorar su superficie y, finalmente, descartar que haya allí algún tipo de vida. Al menos de vida que seamos capaces de reconocer porque sea similar a la nuestra que, en el fondo, es muy homogénea (a pesar de su fascinante biodiversidad) en lo que se refiere a sus bases moleculares, a su esencia biológica.
Y esa inquietud es la que ha llevado a iniciar una emocionante exploración de algunas de las lunas de Júpiter en un lanzamiento que se produjo el pasado día 14 de Abril y que tiene como objetivo llevar una sonda espacial (la Juice) a evaluar la posible existencia de indicios de agua (y de vida) en tres de las cuatro principales lunas de Júpiter, el mayor planeta del Sistema Solar: Calisto, Europa y Ganímedes (5). Saber si hay vida más allá de Gaia y, si la hay, conocer su naturaleza, es la Gran Pregunta. La que puede contestar las históricas ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos?
Esperemos, además, que las aproximaciones que se hagan en la exploración de estos nuevos mundos, sean respetuosas con lo que nos podamos encontrar allí y que la pretensión no sea “colonizar” en el sentido clásico de “explotar” que hemos dado históricamente a esta actividad, sino tan solo “conocer” para poder afrontar con más solvencia nuestro destino, siendo conscientes de que, como decía Sagan en un momento de la profunda reflexión a la que antes aludía (2): “…Nuestro planeta es una mota solitaria en la gran envoltura de la oscuridad cósmica. Y en nuestra oscuridad, en toda esa inmensidad, no hay ningún indicio de que la ayuda vendrá de alguna parte para salvarnos de nosotros mismos…”
La (lamentable) fotografía que acompaña este escrito la tomé hace ya ocho años desde casa con la cámara del móvil a través de un modesto telescopio terrestre (del que suelo usar para ver pájaros). En su día me hizo mucha ilusión hacerla porque, aunque muy mal, se puede apreciar el sistema de Júpiter con sus principales lunas orbitando alrededor. Son los satélites a los que se dirige la sonda Juice para incrementar nuestro bagage de conocimiento científico; pero también para que tomemos conciencia de nuestra intrascendencia y, de paso, para seguir haciéndonos soñar, como soñaron los ancestrales primeros "Homo" que salieron de África; como soñaron los grandes exploradores de nuestra historia; como soñó el añorado maestro Carl Sagan: soñar con otras formas de concebir la vida, con otros mundos, con otras Gaias.

Eduardo Sáez Maldonado

(1) De la película "Jeremiah Johnson", de Sydney Pollack
(2) https://www.youtube.com/watch?v=EOgQVhteWYY
(3) https://www.libreriaproteo.com/libro/ver/2644341-reencontrando-a-gaia.htm
(4) https://ciencia.nasa.gov/ciencias-especiales/28apr_voyager2
(5) https://elpais.com/ciencia/2023-04-14/lanzamiento-de-la-mision-juice-a-jupiter.html 
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