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El color del hidrógeno
Eduardo Saez Maldonado. 22.02.23 
"Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña"

(del Romance sonámbulo, F. G. Lorca.)

Llevamos tiempo oyendo hablar del famoso hidrógeno verde como el milagro que solucionará todos los problemas energéticos que, irremediablemente, se nos vienen encima, pero el otro día oí hablar también, por vez primera, del hidrógeno rosa. También se puede leer acerca del hidrógeno gris y hasta del azul. Esta policromía alrededor del hidrógeno genera, desde mi punto de vista, bastante confusión sobre un tema (el de las energías renovables versus energías fósiles) ya bastante complejo y sobre el que hay mucha información sesgada que trata de ocultar la realidad incuestionable de que cada vez vamos a disponer de menos energía. Pero el hidrógeno es particularmente relevante por las implicaciones estratégicas y, por qué no, sociales, que está llamado a tener y su relación poco conocida con las grandes plantas fotovoltaicas que empiezan a proliferar por doquier. Porque, ¿de qué color es el hidrógeno?. Veamos
Lo primero que conviene aclarar es que el hidrógeno no es una fuente de energía sino un vector energético. Es decir, se puede "quemar" para obtener energía útil pero en tanto que no está presente en la naturaleza en depósitos del que extraerlo como el petróleo, el gas o el carbón, debemos usar energía para producirlo por procedimientos fisicoquímicos. Y claro, la energía que obtenemos quemando hidrógeno siempre será menor de la que gastamos en fabricarlo (véase la segunda ley de la termodinámica). ¿Qué tontería es esta, entonces?

La respuesta es clara: la inmensa mayoría de la energía que consumimos (cerca del 80%) no es eléctrica sino que proviene de la quema de combustibles fósiles, fundamentalmente en calefacción y transporte (personas y mercancías), y utilizar energía eléctrica para realizar todo este movimiento es inviable por diversos motivos: electrificar todo el parque móvil mundial es de una complejidad técnica y logística inabordable además de que no hay suficientes materiales (de los llamados en química "tierras raras" sobre todo) para llevarlo a cabo. Por su parte, mover gran maquinaria como la requerida en minería, mover grandes barcos de 500 metros de eslora o grandes aviones transatlánticos con baterías eléctricas es una utopía, así como mantener la industria siderúrgica, cementera etc. Necesitamos, por tanto, un combustible alternativo que podamos transportar con cierta facilidad y el hidrógeno tiene todas las papeletas.

Pero, como hemos visto, el hidrógeno (más allá de infinidad de problemas que lleva consigo y de los que no hablaremos hoy) no es una fuente de energía sino un vector y necesitamos energía para producirlo. Y dependiendo de cómo se origine esta energía se le asigna un "color". Así, si la energía utilizada es la obtenida de quemar combustibles fósiles se considera que el hidrógeno es gris. Esta opción es como salir de guatemala para entrar en guatepeor. No hacemos nada.

Si usamos, por el contrario, energías renovables (solar o eólica) para generarlo, se dice que tenemos hidrógeno verde. Esto ya empieza a tener algún sentido y, de hecho, es lo que está ahora en auge. Y el interés no sólo es español; Alemania está especialmente interesada en que seamos nosotros (que tenemos sol) los que les produzcamos el hidrógeno verde que van a necesitar. Así, en la Estrategia Nacional del Hidrógeno que Alemania aprobó en junio del 2020, ya se contemplaba que:

"A fin de cubrir la demanda restante, Alemania necesitará socios fiables en materia de producción y transporte, así como sistemas de infraestructura para la cooperación e importación, especialmente en la UE. El hecho de contar con estos socios y estructuras también brindará la oportunidad de ampliar el mercado energético interno europeo y de cooperar con los países en desarrollo que tienen altos niveles de radiación solar y viento (que tienen un gran potencial de la energía renovable), como se describe en la Estrategia Nacional del Hidrógeno. Alemania podría importar de esos países el valioso hidrógeno verde que necesita para aumentar su propia producción, para ello, su infraestructura nacional de gas tendrá que adaptarse para manejar el hidrógeno, otra cuestión que también se aborda en la Estrategia Nacional de Hidrógeno."  (1)

No cabe duda, tras leer esta cita, de que Alemania aspira a seguir siendo potencia colonial (porque no deja de ser una suerte de neocolonialismo) ya que deberá ser España la que sacrifique sus campos de cultivo y sus áreas naturales para instalar descomunales plantas fotovoltaicas que produzcan energía suficiente como para poder producir y exportar hidrógeno (verde) a Alemania de forma que esta pueda mantener en funcionamiento su industria y, por tanto, su hegemonía en Europa. De hecho ya se está haciendo, sobre todo en Andalucía, con una irresponsable actitud del campechano Juanma Moreno que parece tener intención de hipotecar el futuro agrícola y ambiental de nuestra región en aras de un desarrollismo salvaje y suicida impulsando desbocadamente los destructivos macroparques solares fotovoltaicos (2)

Y Pedro Sánchez, por su parte, está encantado de construir un enorme gasoducto (H2Med) para exportar todo este hidrógeno (verde) a Europa para mayor gloria del desarrollo "sostenible" (3).

Eso sí, Francia tiene sus reticencias (que no son de naturaleza ambiental precisamente), porque como casi toda la energía que ellos generan es nuclear, se verán obligados a generar hidrógeno usando esta suicida fuente de energía en lo que se ha dado en llamar, en un alarde de originalidad cromática, hidrógeno "rosa", que Francia pretende (con un par) que sea considerado "verde" en el futuro en un espectacular triple salto mortal con doble tirabuzón (4).

En fin, que el problema es que nos creemos lo de la transición energética como si todo fuera tan sencillo como cambiar de fuente de energía para seguir igual, con la misma disponibilidad energética, con el mismo derroche material, con el mismo crecimiento infinito, con el mismo insultante beneficio de las grandes multinacionales energéticas y financieras, sin considerar que el (ya iniciado) declive de los combustibles fósiles (más allá de otras consideraciones acerca del agotamiento de importantes materiales necesarios para esa transición, el calentamiento global, la crisis de biodiversidad etcétera) nos aboca a una reducción en la disponibilidad de energía y, por tanto, al colapso de un sistema sociopolítico que, como el capitalismo neoliberal imperante, se apoya en el (por lo demás imposible) crecimiento perpetuo a costa de lo que sea. A costa de nuestro medio ambiente, sin ir más lejos; a costa de nuestro futuro.

Que el capitalismo va a morir es seguro, pero morirá matando.

Lorca, que empezó su Romance Sonámbulo con un esperanzador "Verde que te quiero verde" lo acaba con un triste y resignado (5):

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?

¿Dónde está mi niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara,

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!


que a mí, (que soy cada vez más pesimista) se me antoja casi premonitorio.
 

(1)   Estrategia de Hidrógeno de Alemania | (energypartnership.cl)

(2)   https://elperiodicodelaenergia.com/junta-andalucia-concede-declaracion-ambiental-12-000-mw-potencia-renovable/ 

(3)   https://www.20minutos.es/noticia/5082995/0/sanchez-aspira-ue-pague-mitad-corredor-hidrogeno-verde-bar-mar-formalizara-marcon-costa/

(4)   https://www.huffingtonpost.es/global/que-hidrogeno-rosa-como-afecta-espana.html

(5)   https://www.poesi.as/index203.htm

Eduardo Sáez Maldonado
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