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"Nosotros, los pueblos" (1)
Eduardo Saez Maldonado. 01.06.22 
A medida que el fenómeno de la globalización ha ido avanzando hemos ido incrementando simultáneamente (en general de forma inadvertida) nuestra vulnerabilidad. Las sucesivas crisis financiera de 2008 y del SARSCov2 del 19 han puesto en evidencia que no somos todopoderosos ni desde el punto de vista económico ni desde el biológico. El colapso del canal de Suez por un super portacontenedores nos hizo pararnos un rato a pensar y la guerra de Ucrania lo está poniendo todo patas arriba. El encarecimiento de la energía, que viene de mucho antes de la guerra (aunque no queramos verlo), es irreversible por motivos geológicos, y las evidencias de que esta nueva crisis energética (y por tanto económica) es estructural nos pondrá, cuando decidamos mirar hacia adelante, frente a esa vulnerabilidad global de la que ahora no queremos ni hablar. La necesidad de organizarnos adecuadamente de manera supranacional para poder desarrollar la inevitable relocalización es cada vez más evidente; sin embargo, la única organización supranacional que se está viendo favorecida con la actual coyuntura es la OTAN lo que nos hace mirar al futuro con poca esperanza. Veamos.
Suecia y Finlandia han pedido entrar en la OTAN urgentemente. Ucrania ha llegado tarde. No es reprochable el cambio de criterio de los países nórdicos a la vista de la intolerable actitud de Putin y de su cercanía con Rusia. Pero ¿por qué es a una coalición estrictamente militar a la que todos queremos arrimarnos? ¿No sería mucho más lógico haber potenciado una federación internacional (llamémosla ONU) dotándola de unos criterios justos de acceso y capacidad de decisión sin que se limite exclusivamente al ámbito militar sino ampliando sus competencias a todo el espectro de decisiones sociopolíticas?

La ONU, con sus enormes limitaciones de funcionamiento, sigue siendo una organización inoperativa a la que nadie toma en serio. Pongamos como ejemplo las resoluciones que obligan al referendum de autodeterminación del Sahara incumplido desde hace casi cincuenta años o las que obligan a Israel a retirarse de los territorios ocupados en Palestina desde el 68. La ONU cuyas decisiones son bloqueadas por los países con derecho a un obsoleto veto o de la que forman parte países independientemente de si son democráticos (y, por tanto, sus gobiernos representan al pueblo -"Nosotros los pueblos..." (1)-) o por el contrario sus gobiernos son dictatoriales y autocráticos.

Todos estos aspectos organizativos deberían ir siendo pulidos poco a poco dentro del seno de la ONU, integrando también compromisos de defensa conjunta (del estilo de la OTAN) frente a agresiones externas arbitrarias pero ampliando también los acuerdos de mutua colaboración a eventuales situaciones de hambrunas o pandemias. Debería arbitrar también medidas globales relativas a la preservación de los ecosistemas y frente al cambio climático. Tendría en cuenta también las evidencias científicas ante problemas como el agotamiento de los recursos. Y todo esto considerando el peso relativo de cada país (democrático) en función de su población a la hora de tomar decisiones conjuntas etc.

Se trataría, en definitiva, de aliarnos no sólo en lo militar sino en el compromiso por un futuro justo en lo social y en lo ambiental avanzando hacia una gran confederación planetaria que abordara los (de otra manera inabarcables) problemas a los que la globalización nos ha llevado y que no tienen solución si cada uno hace la guerra (en ocasiones literalmente como vemos) por su cuenta. Y que de seguir así nos llevaran, por cierto, al colapso de la civilización.

Y uno de los principales problemas a los que vamos a tener que enfrentarnos de la forma más global posible es a la inminente escasez de alimentos que ya anuncia hasta "The Economist" (2) y que la guerra de Ucrania está agudizando pero que venía ya anunciándose desde mucho antes de la guerra con el agotamiento progresivo de los recursos energéticos y la subida imparable (e irreversible) de los precios de la energía así como la escasez de materiales básicos (3) y la crisis total a que todo esto conduce.

Y aunque en el opulento Occidente estas hambrunas nos importen un pimiento porque nos creemos todopoderosos y dotados de un derecho divino al bienestar, cuando estas superan una cierta dimensión y en un entorno de total (e irresponsable) deslocalización de nuestros centros de producción (y expolio) precisamente hacia los países que van a sufrir la inminente hambruna, entonces sí, tendremos un problema.

Pero entonces igual ya será tarde.

Eduardo Sáez Maldonado

(1)   https://www.un.org/es/about-us/un-charter/preamble

(2)   https://www.economist.com/leaders/2022/05/19/the-coming-food-catastrophe

(3)   https://www.eldiario.es/tecnologia/falta-materiales-esconde-crisis-chips-transicion-ecologica-digital-riesgo_1_8371507.html
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