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Crónica de una muerte anunciada
Eduardo Saez Maldonado. 22.03.22 
"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros." (1)
En medio de las insoportables noticias de la guerra de Ucrania ("malditas sean las guerras y los canallas que las hacen") leemos en la prensa que la fábrica de cemento de La Araña cierra provisionalmente sus hornos por resultarle inasumible el coste de la energía eléctrica (2). Inmediatamente echamos mano de la guerra para explicar estos "desajustes", pero si recordamos, vemos que meses antes de que esta empezara, ya estaba pasando lo mismo en ciertas empresas que son muy demandantes de energía en su producción, como las de fertilizantes nitrogenados (Fertiberia) (3). Todo esto ocurre en un curioso entorno regulatorio del mercado energético que hace que, a pesar de ser importantes productores de energías renovables económicas, paguemos toda la energía al precio de la más cara. Veamos.
Es evidente que, más allá de las circunstancias geopolíticas reinantes, esto se nos va de las manos por causas físicas y geológicas relacionadas con el creciente agotamiento de recursos básicos ya sea energéticos (gas, petróleo, carbón y uranio) como industriales (metales, tierras raras etc.) como incluso renovables como el agua, sometida en muchos lugares (como el sur de España) a una irresponsable sobreexplotación. Y se nos va de las manos porque nos negamos a abandonar (siquiera a reconocer que deberíamos ir pensando en hacerlo) un sistema como el capitalismo neoliberal hegemónico imperante que, en tanto que ignorante de todo lo que no sea beneficio económico, y más allá de (importantísimas) consideraciones morales, se basa en un fundamento físicamente imposible como es el crecimiento perpetuo. Y aunque antes estábamos lejos de los límites de aprovechamiento de recursos y podíamos hacer como que todo era infinito, ya los tenemos aquí, y comprobamos con estupor que el mundo es finito y que, lo que es peor, ya no da la cosa para más.

Es más, en este contexto de escasez creciente e irreversible de todo, me atrevo a especular que la única explicación de la inexplicable (ya sé que es redundante) adhesión unilateral de Pedro Sánchez a las pretensiones totalitarias del Rey de Marruecos sobre el Sahara (decisión que vuelve a traicionar vergonzosamente, cincuenta años después, al castigado pueblo saharaui) sea que Sánchez haya llegado a un acuerdo para que Marruecos abastezca a España de fertilizantes fosfatados agrícolas de la mayor mina de fosfatos del mundo existente en el Sahara (4). Porque la soberanía alimentaria (más allá de la energética) es el próximo capítulo.

Pero incluso aceptando que la revolución social necesaria para revertir este hecho, por más que trivial ignorado, de que los recursos no son infinitos, es utópica y no estaremos dispuestos a hacerla hasta que no haya más remedio, hay cosillas razonables que podíamos ir haciendo; y corregir de inmediato el sistema marginalista de los precios de la energía es una de ellas.

Este sistema es como si vamos al super y compramos un kg de manzanas, tres de patatas, una docena de huevos (de gallinas de jaula, que son más baratos), unos cartones de leche descremada (con vitamina A, B, C, D, E, F, G y H...) y al final decidimos darnos un capricho y compramos 100g de jamón ibérico pata negra del bueno. Y al llegar a la caja nos lo pesan todo junto y nos lo cobran al precio del jamón. Esta forma de proceder (no lo del jamón sino lo de la energía) está regulada a nivel europeo con la excusa de promover el desarrollo de energías más baratas. Sin embargo, lo único que está promoviendo es que las eléctricas se forren a costa del ciudadano corriente. Y en cuanto se insinúa la posibilidad de intervenir en el mercado de la energía, como está intentando promover Pedro Sánchez últimamente (5), aparecen los ultraliberales europeos diciendo que eso son cosas de rojos bolivarianos y que el libre mercado no se toca. Hala.

Sin embargo, es obvio que ante evidencia de que los métodos de la más estricta ortodoxia económica no funcionan (porque la voracidad capitalista no va a parar y porque los límites físicos son infranqueables) hay que hacer algo. Y si desde Europa no se bajan del burro, quizás tendríamos que empezar a tomar medidas por nuestra cuenta aunque se enfade papá. Pero no nos atreveremos, claro, porque aunque las medidas sean sólo fijar precios, la inercia neoliberal es tan enorme, y el paradigma de la ortodoxia económica es tan robusto que todo el mundo encuentra explicaciones coyunturales (de la crisis de 2008 a la guerra de Ucrania) para explicar la evidente carrera desenfrenada hacia el suicidio colectivo en la que nos hemos embarcado.

Y ya, de renacionalizar las eléctricas irresponsablemente privatizadas por González y Aznar ni hablamos. Porque se trata de eso: de controlar un mercado estratégico (tanto desde el punto de vista exterior como interior) para evitar que se nos vaya de las manos, poder reconducirlo hacia una transición energética realista que avance en soberanía energética hacia la producción renovable que podamos mantener adecuando nuestro consumo a nuestras posibilidades, o bien dejar que el sagrado libre mercado capitalista neoliberal continúe esquilmando el mundo sin mirar al futuro para mayor gloria (efímera) de las grandes empresas energéticas pero también financieras y armamentísticas (que ahora suben mucho en bolsa para alegría de todos los que tienen un fondo de inversiones contratado sin preguntar mucho en qué invierten, no sea que...).

Y así hasta el abismo que, si nos fijamos, empezamos ya a vislumbrar en el horizonte en una clarísima crónica de una muerte anunciada de nuestra arrogante civilización.

Eduardo Sáez Maldonado

(1)   Comienzo de la novela del genial García Márquez "Crónica de una muerte anunciada"

(2)   https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2022/03/17/fabrica-cemento-arana-horno-fabricacion-fym-empresas-malaga-63950092.html

(3)   https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/medio-ambiente/2021/10/08/616026f9fc6c8334248b4602.html

(4)   https://www.bbc.com/mundo/noticias-51283951

(5)   https://www.eleconomista.es/economia/noticias/11667273/03/22/Sanchez-de-gira-por-ocho-paises-para-convencer-a-Europa-de-desacoplar-el-gas-del-precio-de-la-luz.html

 
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