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¿Están "sucios" los bosques?
Eduardo Saez Maldonado. 21.09.21 
Siempre que hay un incendio forestal aparecen voces por doquier denunciando que la culpa es del inadecuado mantenimiento de los bosques, que no se limpian, y que la broza que hay es el combustible ideal en verano etc. Se concluyen estos argumentos sentenciando que "los incendios se apagan en invierno" en referencia a la inexistente "limpieza" de los mismos que, se supone, debería hacerse en época invernal. Sin embargo, esta aproximación es, obviamente, demasiado simple. Últimamente, con el incremento de la concentración de la población en las ciudades y el despoblamiento rural, se añade al debate el hecho de que el abandono de la vida en el campo está muy relacionado con todo esto. Veamos. 
Lo primero que conviene aclarar es que el concepto de suciedad, como tal, es un concepto humano que tiene que ver con el sedentarismo que nuestra especie inició hace unos 10.000 años. La naturaleza, por sí misma, no genera suciedad, más allá de los materiales poco (o nada) degradables que nosotros desperdigamos por todos lados y que se acumulan lamentablemente. La vegetación que crece bajo los árboles, y que se conoce como sotobosque, es parte integrante y fundamental de los ecosistemas forestales que proporciona alimento y cobijo a infinidad de especies animales, desde los invertebrados más diminutos hasta los depredadores que cierran la pirámide trófica. Sin la vegetación de sotobosque el ecosistema está incompleto y no puede considerarse un bosque como tal. Pensemos en una típica dehesa, o en un olivar como ejemplos evidentes.

Normalmente estos sotobosques no crecen, sin embargo, descontroladamente, sino que están sometidos a la presión de herbívoros de muy diverso tamaño, (desde insectos de menos de un gramo a ciervos de más de 100 kg). Pero si nosotros alteramos profundamente los equilibrios ecológicos acabando con la fauna o alterando gravemente sus dinámicas ocurren desequilibrios en los ecosistemas que, en el caso del matorral, puede ser por sobreexplotación o por lo contrario. Se da entonces el caso de que un defecto de presión debido a escasez de herbívoros genera un exceso de biomasa de sotobosque que, si se produce in incendio, puede ser muy peligroso.

Y aquí es donde empezamos a encontrarnos con el problema. La alteración que hemos provocado en los ecosistemas es tan grande y tan extensa que ya no queda casi ningún lugar en el que los ecosistemas forestales estén bien estructurados. Entre otras cosas porque esto requeriría de grandes superficies para albergar, no sólo a los herbívoros que hemos comentado, sino a los grandes depredadores (el lobo fundamentalmente en Eurasia y Norteamérica) que regularan sus poblaciones de forma natural.

La solución a estos problemas (y no sólo a la virulencia de los incendios forestales, que también) es ciertamente difícil pero, en mi opinión, debería enfocarse en dos objetivos fundamentales:

1.- Repoblación del campo.

Se habla ahora mucho de la España vaciada y de la necesidad de promover la reocupación de los territorios abandonados proporcionando buenas comunicaciones y buenas conexiones de internet. Esto es una asignatura pendiente pero no debemos olvidar que la actividad en el campo está (y así debe ser) relacionada fundamentalmente con la producción agrícola y ganadera. Esta recuperación, que debería apostar por explotaciones no intensivas, nos haría ganar en soberanía alimentaria, algo que ante el futuro incierto que se avecina (crisis climática, energética, ambiental....) es más que recomendable.

Las explotaciones ganaderas en intensivo, por ejemplo, aportan el "servicio" ecológico de los grandes herbívoros a los que sustituyen haciendo su función y controlando el exceso de "broza" tan peligrosa si hay un incendio.

2.- Renaturalización (rewilding que se dice ahora).

Pero como todo el campo no puede (ni debe si queremos mantener una biodiversidad razonable que no colapse) estar ocupado por explotaciones humanas, deberemos dejar áreas silvestres lo más extensas e interconectadas posibles donde los equilibrios ecológicos se recuperen. En este caso, los herbívoros silvestres se encargarían de controlar el sotobosque para que no creciera en exceso. Estas grandes áreas estarían "mezcladas" con las zonas más humanizadas evitando aislamientos genéticos pero permitiendo una integración lo más suave posible. La convivencia entre zonas silvestres y zonas humanizadas requiere de esfuerzos por parte de los implicados y por parte de la administración ya que, por ejemplo, debe permitirse el desarrollo de las poblaciones de grandes depredadores que controlen las poblaciones de ungulados silvestres. Es el caso paradigmático del necesario lobo (que en breve va a pasar a un grado de protección legal en España algo más razonable) y todos debemos esforzarnos para que la convivencia sea posible. Asimismo, las zonas de los márgenes de las carreteras y caminos (y los eventuales cortafuegos estratégicos) deberán ser adecuadamente desbrozadas, estos sí, para evitar los incendios accidentales por imprudencia o accidente (los provocados son más difíciles de evitar), aunque no debemos perder de vista tampoco que el fuego ocurre también de forma espontánea en la naturaleza (rayos) y forma parte de la misma siempre que su aparición sea ocasional y no provocada continuamente, y gran parte de la vegetación, sobre todo de sotobosque, se recupera rápidamente tras un incendio como veremos en los próximos años en la Sierra Bermeja.

En definitiva, de lo que se trata es de no olvidar que la especie humana no es la propietaria del planeta, que convivimos con otras especies (animales y vegetales) que tienen el mismo derecho que nosotros a vivir, y que nuestra impactante (desde un punto de vista ambiental) actividad debe modularse sin perder de vista estas premisas. Y esto debemos hacerlo, no sólo por los motivos filosóficos y un poco etéreos mencionados, sino también porque esto se nos está yendo de las manos y estamos al borde de un colapso civilizatorio provocado por causas ambientales, climáticas, energéticas y sociales.

Y podemos elegir entre gestionar la inminente crisis de forma organizada, sensata y respetuosa, o bien el modelo Mad Max.

Yo propongo optar por la primera opción.

Eduardo Sáez Maldonado.
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