Visite nuestro patrocinador

Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca 8 usuarios en línea • Vie. 7 de Ago. de 2020
La Dulce Tormenta -Los Cuentos del Abuelo Cayetano
Natividad Castejon Valero. 05.05.20 
La dulce tormenta

Era un sábado por la tarde, y el abuelo Cayetano y yo nos habíamos quedado viendo una película en blanco y negro en la UHF (lo que hoy se conoce como la 2). Yo tendría unos 8 años, más o menos.
La verdad es que no recuerdo el título de la película, pero sí que estaba ambientada en 1800 y algo, en Inglaterra. Una muchacha joven iba a ir caminando a visitar al mozo que le gustaba, en una finca vecina, y debía llevar carabina, como correspondía a una chica decente.
Una "carabina" era una persona que acompañara y vigilara durante todo el rato que estuvieran juntos los tortolitos, para evitar que se pusieran demasiado cariñosos, y proteger así la dignidad de la chica.
Así que al final la acompañó otra muchacha, un poco mayor que ella, que tenía un humor de perros. Hubiera dado cualquier cosa con tal de no ir. No recuerdo si era una hermana mayor, o una prima, o una tata, pero estaba muy enfadada.
Refunfuñó todo el camino de ida, durante el tiempo que estuvo de vigilancia, y también durante todo el camino de vuelta, contrastando con la cara de felicidad de la enamorada.
La caminata de vuelta por los campos (que aunque se veían grises en la tele yo imaginaba de un verde intenso), se le estaba haciendo interminable.
Y para colmo, como a media hora de distancia de la casa, estalló una tormenta.

La más jovencita no prestaba mucha atención al palabrerío de la mayor, pues ella vivía en su mundo interior de música de violines y querubines flotando alrededor. La vida era maravillosa... Pero a la mayor, era justo lo que le faltaba para acabar de estallar en maldiciones y juramentos.

En cuestión de un minuto, las faldas oscuras y las enaguas se volvieron pesadas con la lluvia y se enredaban con el fango, mientras que los botines se hundían hasta los tobillos a cada paso. Avanzar por el camino de tierra bajo aquel agua torrencial, se hacía cada vez más difícil. ¡Y encima no llevaban paraguas!

Evidentemente, las dos llegaron empapadas de vuelta a la casa, pues las tormentas en la Inglaterra del siglo XIX eran de armas tomar, según pintaba la película. La mayor con cara de haber chupado un limón, y la jovencita con una sonrisa de oreja a oreja.

Y ocurrió que la mayor cayó enferma. Pasó unas fiebres terribles y el médico temía por su vida en cada visita que hacía.

Entonces caí en la cuenta de un dato curioso:
- Papá... -le pregunté al abuelo-, si las dos hicieron el mismo camino, y las dos se pusieron chorreando, ¿por qué una ha enfermado y la otra no?

Y el abuelo me respondió:
- Pues porque una se tomó la lluvia como una bendición, y la otra como un castigo.

Me quedé un segundo recordando la escena del fango, y el abuelo continuó explicando:
- ¿Te acuerdas que la otra iba todo el camino protestando y "chuchuchú" y "chuchuchú" y "dale que te pego"? Pues cuando estalló la tormenta, casi le da un soponcio y se la tomó como si el cielo la estuviera castigando por haber hecho algo malo...

"Mientras que la muchachilla iba soñando con sus cosas, y cuando empezó a mojarse admitió la lluvia como parte de su fiesta, y estaba hasta más contenta, mojándose la cara y las manos, ¿te acuerdas?

- Si, ¿pero eso qué tiene que ver?

- Mucho, canija, porque el cuerpo se predispone a comportarse tal como uno se siente por dentro.

"Si tú te tomas las cosas con alegría, tu cuerpo está contento y disfruta. Pero si te enfadas por todo, y lo único que haces es quejarte, el "puerco"* reacciona poniéndose malito. ¿Lo entiendes ahora?

Y lo entendí.
Entendí en aquel momento lo que luego he visto escrito en tantos y tantos lugares: "Tal como es adentro, es afuera".

Y también entendí por qué justo cuando nos ofuscamos con alguna situación que nos contraría, y nos comportamos como si estuviéramos enfadados con todo el mundo, es precisamente el momento en que llega el destino y te regala un coscorrón con la ventana, o un cortecito en un dedo, o un resbalón inoportuno, o una mala noticia, o una avería... ¿Te has dado cuenta?

La abuela, en cambio, lo explicaba de otra manera... nos decía: "¿Te has enfadao? ¡Pues dos problemas tienes!". Y lo peor es que tenía razón, porque para desenfadarte tienes que admitir por dentro, que la cosa tampoco era tan importante.

Y admitir que se está equivocado, no es tarea fácil, porque es como perder contra ti misma. Hay gente a la que no le gusta perder ni al solitario, así que desenfadarse es un ejercicio muy bueno para el EGO.

Cuanto más rápidamente te desenfades, más controlado tendrás a tu Ego.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Gracias y saludos,
Natividad Castejón


*Al abuelo le encantaba invertir el orden de las consonantes, ¿recuerdas las discusiones por si se decía "farola" o "falora" cuando eras pequeña e íbamos en el coche?
Gracias, papá. Siempre fuiste un pozo de sabiduría y de inspiración.

Esta noticia ha recibido 913 visitas y ha sido enviada 2 veces       Enviar esta noticia




<-Volver
Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los malagueños a expresar sus opiniones en este periódico digital.
Guadalhorce.net no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor.

Envíe su artículo o carta a:
redaccion@guadalhorce.net


guadalhorce.net
Periódico Independiente
Málaga

Depósito Legal:
MA - 1.023 - 2000

Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet

Director: Alejandro Ortega
Fundador: Federico Ortega

952 410 658
678 813 376
contador
visitas desde nov. 1998