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Todo empieza y acaba en mí
Natividad Castejon Valero. 09.04.20 
Me llamo Natividad Castejón, tengo 53 años y vivo en un pueblo de Málaga. Muchos de vosotros ya me conocéis por otros artículos que he escrito, o por asistir a alguna de mis meditaciones.
Y hoy quiero dar mi visión de lo que está ocurriendo estos días, pues me llega información de todas partes (como a todos, me imagino), y mientras unas teorías me llegan a lo más hondo del corazón, otras sin embargo se me quedan atascadas en las tripas.
Lo primero que debo explicar, para los que aún no me conozcan, es que soy Hipnóloga y Terapeuta de Vidas Pasadas. Trabajo con la hipnosis regresiva desde hace 15 años, y a lo largo de este tiempo he participado de las experiencias de mis pacientes, además de sentir y revivir las mías propias, y he podido sacar una serie de conclusiones (mías propias) que intentaré explicar a continuación.
Veréis:
La cultura en la que nos criamos, o somos educados, nos influye muchísimo a la hora de enfocar nuestra vida.
Nuestra percepción de los acontecimientos, la forma de encajar los resultados de nuestras "batallitas" personales, o nuestra mamera de lidiar con la vida y la muerte, vienen condicionados por la forma en que las entendieron nuestros padres y abuelos.

Por ejemplo, un niño educado dentro del seno de la Santa Madre Iglesia, no entiende la muerte de su abuela del mismo modo que lo haría otro niño de la misma edad, pero criado en la India, en Nepal, o en un pueblo del centro de África.

Para una persona católica, esta vida es lo único que hay, y lo que es más: es la única oportunidad que tiene para "hacer méritos", de los que dependerán que en la otra vida lo lleve mejor o peor. Y punto.

Yo nací y me crié en una familia cristiana, pero por algún motivo nunca me lo tomé todo tan al pie de la letra.

A la edad de 16 años, un muchacho que me echó las cartas junto con una amiga, me dijo: "No te creas nada. Investiga. Sólo los necios se creen lo que les cuentan, porque es más sencillo creerse lo que les dicen, que tomarse el trabajo de investigar la verdad". Y lo hice.

A partir de aquel momento empecé a interesarme por todo lo desconocido: los mensajes del más allá, el fenómeno ovni, el poder de la mente, los presentimientos, la comunicación con Dios, la telekinesis... Todo me parecía súper atractivo.

Llegué pronto a la conclusión de que Dios no necesitaba intermediarios para hablar con sus hijos. Y que el templo más grande que ambicionaba, era nuestro corazón. Los demás le sobraban.

Empecé a alimentar las neuronas de mi corazón y aprendí a dejarme llevar por lo que éste me aconsejaba; y me dí cuenta de que las derrotas de la vida no dolían tanto cuando entendía que las decisiones las tomaba mi corazón... Que además, como excusa te lo admiten siempre: "Hice lo que me pidió mi corazón". Y no hay más discusión.

...Y seguí investigando.

El descubrimiento más grande llegó el día en que me hicieron una regresión y pude verme en una vida anterior, pasando por varios momentos importantes, e incluso por el momento de la muerte. En aquella vida alguien decidió acabar conmigo pasándome el filo de un cuchillo por la garganta mientras dormía, y pude sentir claramente todas las sensaciones de sorpresa, dolor, angustia, miedo, curiosidad, recelo y paz.

Después del momento de la muerte, la sensación fue de PAZ, así con mayúsculas. Alegría, plenitud, y PAZ.
Y entendí que estamos en este planeta con una misión, y que cuando esa misión se acaba, dejamos aquí el "traje" y nos marchamos. Así de simple y sin ninguna pena.

No me llevé la sensación de angustia, ni el afán de venganza, ni el recuerdo del dolor... sólo me llevé PAZ y alegría por poder volver a casa. Porque aquella es nuestra verdadera casa, nuestro hogar.

Nuestra Tierra, nuestra querida Pachamama, o Gaia, está llevando a cabo un cambio de energía crucial desde 2012, y todo aquel que se acomode a su nueva energía, se quedará. Los demás, se irán marchando en un plazo de unos 20 años, contando desde ese 2012.

Por lo tanto, no es casualidad que hayan habido desde entonces tantos accidentes aéreos, inundaciones, incendios o más recientemente esta pandemia... nos estamos marchando, y tenemos de plazo hasta el 2032.

Para los católicos, la muerte es el final, y es normal que traten esta partida masiva como una catástrofe, pero no es real. No es ninguna catástrofe. Lo que realmente anhelan esas almas es descansar y volver a su verdadero hogar.

No nos entra en la razón que todas ellas hayan tomado la decisión de marcharse juntas. Y ni siquiera tiene por qué ser un "adiós" para siempre, sino un "hasta pronto". Pues volverán.

Volverán con energías renovadas y con nuevas misiones y mensajes para nosotros.

Sé que puede ser difícil de entender, pero nada ocurre al azar o por casualidad. Absolutamente nada.

Tampoco es casualidad que este virus no sea mortal para niños y jóvenes. Porque ellos traen una misión que aún no han conseguido plasmar, y es muy valiosa para la vida en este planeta. De hecho, parece que los niños estén más preparados para este confinamiento, y hasta nos dan lecciones a los mayores. Es como si ya lo tuvieran previsto en su diario de campaña.

Lo único que podemos hacer los que quedamos es meditar, agradeciendo a los que se marchan su esfuerzo y su dedicación, para que se marchen felices y arrullados por nuestro cariño, y no con la angustia por la separación que en muchos casos se está dando.

Ellos lucharon mucho por dejarnos a nosotros un mundo más libre, aunque no lo consiguieran del todo. Lucharon por sacarnos adelante en medio de un entorno hostil y complicado.

Pero el planeta ya no requiere de más luchas. Esa es, precisamente, la energía que le está sobrando.

También plantaron nuestros mayores la semilla de la conciencia global, y soñaron con un mañana más justo para todos. Y esa es precisamente la misión que traen nuestros jóvenes y niños: romper con todas las estructuras ya creadas, y construir unas nuevas.

Ideas como la competitividad o el afán de despuntar con un don especial sobre la masa, van a desaparecer en pos de la solidaridad y el bien común. El arte se convertirá en un medio habitual de comunicación y expresión.

También acabarán desapareciendo todos los -ismos, todos los extremos que no contemplen la mejor opción para todos.

El 2020 es un año de muchos cambios para bien. Ya lo han avisado mediums, astrólogos, videntes y canalizadores. Todos vamos a experimentar un empujón (o patada en el trasero en algunos casos), en nuestros respectivos procesos de evolución. La energía se mueve ahora a mucha velocidad y, repito, nada ocurre por casualidad en este plano. Todo obedece a un plan perfectamente diseñado, y cada suceso ocurre justo en el momento exacto en que debe aparecer... ni antes, ni después.

Cuando encarnamos en este planeta, somos como una ficha más de un inmenso puzzle, con un lugar concreto que ocupar para poder así ofrecer la mejor versión de la información que traemos.

Tenemos un margen de movimiento, evidentemente. Podemos perdernos por el camino, pero siempre volveremos a la senda que nos conduce a nuestro destino.

A algunos este mensaje os llegará al corazón, y a otros se os quedará atascado en las tripas. Es normal... Esta es mi visión particular de la actualidad.

Que como digo al principio, cada uno entiende la película a su manera y aplicará sus propios filtros, pues todo empieza y acaba en cada uno de nosotros.

Gracias y saludos,
Natividad Castejón
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