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Tu diario. Libertad de expresion

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Suelta y Confía
Natividad Castejon Valero. 25.02.20 
Bueno... pues aquí estoy otra vez...
 Llevo semanas sin escribir una sola palabra. Por alguna rendija se escapó mi inspiración y no he sido capaz de encontrar un tema apropiado o atractivo. O quizás, por aquello de la Ley del Espejo, soy yo la que no me encuentro ni apropiada ni atractiva... vaya Vd. a saber...
 Pero hoy me pongo frente a esta página en blanco (qué bonito sería que fuera de papel y poder escribir con una pluma), dispuesta a poner boca arriba todas mis cartas. O como decía Serrat, "esparcir las prendas de mi amor sobre la mesa".
 Hoy quiero reconocerme a mí misma que sigo teniendo miedo al fracaso, como cuando era adolescente y sentía vértigo al pensar en el futuro.
 Es cierto que la vida da muchas vueltas, y que con el pasar de los años una aprende a cogerle el ritmo a este tíovivo... pero aún siento un pellizco en el estómago al pensar en todo lo que me gustaría hacer y no he hecho.
De algún modo me siento como fracasada. Como que no he entregado los deberes a tiempo. ¿Conocéis esa sensación?

 Porque, ¿de qué dependen el éxito o el fracaso? ¿O de quién dependen?

 ¿Quién me dijo que tenía que hacer muchas cosas en la vida, y no me daría tiempo a hacerlas todas si no me ponía las pilas rápidamente?

 ¿Quién me vendió la película de que el tiempo era oro y no se podía malgastar?

 Me figuro que mucha otra gente se encontrará en mi misma situación, que no soy yo la única que siente que la vida se ha quedado suspendida en el tiempo, como esperando que los dientes del engranaje enganchen de nuevo para volver a arrancar...

 Es una sensación extraña la de encontrarse en 'stand by'.

 Se me pasan muchas ideas raras por la cabeza, como la de "qué fácilmente nos acostumbramos a una persona que aparece nueva en nuestra vida... y cuánto cuesta de olvidar cuando desaparece". ¿No os ha pasado nunca?

 De repente entra una persona nueva en tu vida, y en unos días parece que hubiera estado siempre allí... un vecino, la prima de tu amiga, un compañero de trabajo, una cliente, cualquiera puede convertirse en un ser muy especial de la noche a la mañana, y darle un nuevo sentido a todo lo que ya creías aprendido.

 Y de repente, igual que apareció, desaparece dejando un hueco como un molde difícil de rellenar con otra estructura diferente. Y parece que ya no sabemos vivir... o que nos falta alguna esencia para seguir respirando igual...

 Sí. Se me pasan ideas raras por la cabeza.

 Como la necesidad de empezar de nuevo, desde cero, en algún otro paisaje, en algún otro ambiente, donde crearme de nuevo... donde volver a decidir quién soy en este momento. Renacer.

 A veces, cuando siento esa sensación de vértigo en el estómago, no puedo hacer otra cosa más que CONFIAR en que lo que está sucediendo es lo mejor que podría suceder. Nada más.

 Suelto y confío.

 Suelto la necesidad de controlarlo todo, la necesidad de tenerlo todo programado. Suelto la idea de que está en mi mano conseguir alguna meta... porque no lo está. Nunca lo estuvo.

 No merece la pena luchar por lo que yo creo que es mejor para mí y los míos, porque lo que es mejor para mí ya está proyectado, y yo no puedo hacer nada para controlar los tiempos o las fases.

 Esto es como un gran rompecabezas, y las piezas van colocándose en su sitio cuando les corresponde. Nunca cuando y donde yo quiero.

 Y lo único que puedo hacer es dejarme fluir. Aunque me cueste. Aunque yo crea que lo mejor para mí sería un estilo de vida concreto. Aunque crea que haciendo una llamada mi vida cambiaría...

 Entender, incluso, que mi movil es suficientemente inteligente para hacer él solito esa llamada, si es que en verdad debe hacerse...

 Sólo respiro.
 Suelto y confío.

 Y recuerdo aquel refrán que decía: "Si quieres hacer reir a Dios, cuéntale tus planes".
 Seguro que se muere de la risa, porque no controlo nada. Eso es lo que hay...

 Espero haber podido conectar con alguna persona que necesitara leer estas palabras en este preciso momento de su vida. Si es así, ya habrá merecido la pena volver a escribir.

 Gracias y saludos,

 Natividad Castejón
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