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Tu diario. Libertad de expresion

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El vértigo de la inmediatez
Jacinto Martinez Anton. 22.07.18 
Ahora, las verdades, las mentiras y los rumores se difunden a tal velocidad y han creado opinión antes de confirmarse. Esto favorece una abigarrada confusión en la que interviene la inabarcable cantidad de medios por las que circula algún tipo de información. Medios no todos de igual calidad, a los que, en cualquier caso, les es cuando menos difícil, contrastar la veracidad de lo que transmiten.
Esta rapidez, además de lo anterior, impide una mínima reflexión, necesaria ante cualquier toma de decisión. Consecuentemente se toman decisiones erróneas que sustentan acciones erróneas.
Si llevamos este planteamiento a cualquier ámbito de la vida, encontraremos explicación a muchos de los aparentemente incomprensibles acontecimientos cotidianos, cuya vertiginosa sucesión no nos deja tiempo a reaccionar de forma adecuada.
La gran pregunta sería, ante la imparable, y al parecer contagiosa, necesidad de respuestas inmediatas, ¿las acciones irreflexivas son la solución?.

Cuando se exigen resultados inmediatos, y estos no se obtienen, se entra en un estado de decepción, de frustración, que no hace más que alimentar la angustia que impulsa aún más el deseo de satisfacción exprés. Si esto se extrapola del individuo a los distintos grupos sociales, empezando por la familia, se explica el descontento, la incomodidad generalizada. Este descontento favorece la necesidad de autodefensa, en torno a la cual surgen nuevas agrupaciones sociales generadas también de forma, a veces vertiginosa, utilizando la velocidad de los instrumentos tecnológicos actuales, cuyo fin es obtener una respuesta inmediata a sus demandas.

¿Favorecen estas turbulencias la insolidaridad?. ¿Cómo podemos contrarrestar los efectos nocivos de la aceleración que sufre nuestra sociedad, a un ritmo equivalente?

¿Debemos recurrir a la reflexión como herramienta de control de calidad en nuestras decisiones y de nuestros actos?; ¿y cómo lo hacemos?. La reflexión requiere tiempo, sosiego del que no parece disponer nuestra sociedad. Entonces, ¿cuál es la solución?.

Parece razonable que lo que debiera ser, lo que de hecho es, una vía de progreso, la tecnología de la comunicación, no debería encorsetar a la sociedad, hasta el punto de colapsarla con decisiones precipitadas, en cualquiera de los ámbitos sobre los que gravita el bien común.

Es necesario, en fin, racionalizar el uso de esa herramienta, que en definitiva no es más que una herramienta y no un objetivo, ni un fin. Es necesario utilizarla con inteligencia , y a la vez con prudencia, para que las demandas de una sociedad moderna sean resueltas de forma eficaz, y a la vez de forma eficiente, pero nunca de forma irreflexiva.

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