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Una unidad de destino en lo universal
Eduardo Saez Maldonado. 04.10.17 
“Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama  para sí el monopolio de la violencia física legítima. …. El Estado es la única fuente del “derecho” a la violencia.”
La política como vocación. Max Weber

Una de las cosas que más me indigna cuando veo noticias en televisión son las escenas de antidisturbios cargando salvajemente contra personas desarmadas. Recuerdo en particular, en las manifestaciones del ilusionante (y extinto) movimiento 15M, como un policía perfectamente ataviado con casco, porra, protecciones varias etc. se ensañaba con una chica que escasamente tendría 15 años y que se apretaba contra la pared aterrorizada de lo que le estaba pasando. ¿De qué pasta moral hay que estar hecho para golpear a una niña indefensa? ¿Dónde se seleccionan los antidisturbios? Y, sobre todo, ¿por qué el gobierno da la orden de cargar contra personas indefensas?
Lo que ha pasado en Barcelona es efectivamente indignante. Porque estar en colegios metiendo pacíficamente papeletas en una urna, por muy ilegalizado que estuviera el referéndum, por muy irregular que fuera la consulta, por mucha orden “judicial” que haya en el sentido de impedir que se vote, esto no supone ninguna alteración relevante del orden público ni ningún riesgo para las personas ni ningún peligro inminente que justifique el uso de la violencia de forma tan abusiva. Ya estaba suficientemente desacreditada la consulta, no sólo legalmente sino por la manifiesta falta de garantías democráticas como para proclamar, a priori y a posteriori, su inutilidad e invalidez y por tanto la imposibilidad, legal y moral, de tomar acciones en base a la misma. Era, más allá de indecente, completamente  innecesario y contraproducente cargar contra la población desarmada. ¿Sabrá el gobierno lo que ha hecho?
Por otra parte, esta actitud intolerable del Gobierno Español es un paso más en deriva totalitaria que, desde que el PP llegó al poder, se está imponiendo inexorable y lamentablemente en España. Esto, sumado al generalizado y vergonzoso estado de corrupción interna hace ya urgente la necesidad de apartar a esta panda de indecentes del poder pues el daño que están acumulando en España, tanto internamente como en nuestra imagen exterior, empieza a sobrepasar el límite de lo recuperable.
Es indiscutible que la exigua “mayoría” independentista del parlamento catalán no está legitimada (independientemente de las consideraciones sobre el derecho de autodeterminación) para proclamar la independencia unilateral. Sin embargo ahora, la represión salvaje lanzada irresponsablemente por el gobierno del PP, da fuerza moral a la más que probable declaración unilateral de independencia y dificultará enormemente la suspensión de la autonomía catalana que, dado el caso, el gobierno se verá obligado a hacer.

Pero la manida palabra democracia se fundamenta en la soberanía popular. Y una supuesta mayoría catalana dispuesta a independizarse (que antes no era tal, y que ahora no sabemos) es, como cualquier anhelo del pueblo, imparable si cuenta con suficiente apoyo  popular, por mucha policía que se mande. Y aunque el estado tenga el monopolio del uso legal de la violencia en las sociedades modernas, el abuso injustificado de la misma puede legitimar la aparición de la defensa propia.

En mi opinión, el derecho de autodeterminación de los pueblos es innegable desde un punto de vista moral. Se puede aducir que si se extiende, acabaríamos completamente fragmentados pues a  cualquier comunidad le llegaría algún momento de desencuentro con el resto de la comunidad de la que forma parte y decidiría separarse. Puede ser. Pero como me dijo una amiga en una ocasión, a veces la democracia es dura. Y aún no he oído una explicación convincente desde un punto de vista moral para negar ese derecho.
Cataluña tiene una larga tradición de singularidades que la hacen particular entre las regiones españolas. Si los catalanes deciden ser independientes, yo no puedo negarme: tengo que aceptarlo aunque no me parezca bien (que no me parece). Pero hay algunos aspectos a considerar. Veamos.

1.- Hay que hacer un referéndum claro, con unos requerimientos previos de participación mínima no inferior al 50% para ser considerado vinculante.

2.- La decisión de independizarse debería ser tomada por una mayoría cualificad de esos votantes que no debería ser menor a un 60% (quizá 2/3) para evitar que la mitad de la población imponga una decisión de tal trascendencia a la otra mitad. Véase lo que ha pasado en el Reino Unido donde han decidido desvincularse de Europa con un exiguo e inestable 53%.

3.- Si el pueblo catalán, con una participación relevante y una mayoría cualificada, decide independizarse, entonces empezamos a discutir: quién se queda con el piso, con la casita de la playa, con el coche, el perro y  la custodia de los niños. Y ahora es cuando yo, como español, sí tengo cosas que decir.

Cataluña quizás no quiera compartir su destino (“en lo universal”) con otras regiones españolas en clara muestra de insolidaridad (sorprende el oxímoron de “izquierda independentista”). Regiones que, como las del sur, han sido históricamente perjudicadas en el último siglo (en el XIX la provincia de Málaga llegó a ser la más industrializada de España con siderurgia y textil) en beneficio de un norte, Cataluña y País Vasco sobre todo, impulsado activamente desde los gobiernos centrales, empezando por un tal Francisco Franco y continuando con gobiernos democráticos que, gracias a la lamentable ley electoral española, se han plegado durante décadas a insolidarias presiones nacionalistas. Y esto, señores, tenemos que hablarlo con calma y un bolígrafo antes de separarnos.

Lamentablemente el gobierno catalán ha iniciado una deriva totalitaria para conseguir la independencia y el gobierno español una actitud igualmente totalitaria e intransigente (y últimamente hasta violenta) para evitarlo. Me temo que mientras estos respectivos gobiernos, legítimos ambos por lo demás, sigan ejerciendo como tales, esto sólo podrá ir a peor, y la pragmática definición de estado que formuló Weber a principios del siglo XX basada en el legítimo uso de la violencia por parte del estado se hará cada vez más presente.

Necesitamos pues nuevas elecciones urgentemente. En Cataluña, pero también en toda España. Necesitamos nuevos dirigentes más sensatos, dialogantes y solidarios. Y nos compete a nosotros, el pueblo soberano, elegirlos. Y si el PP vuelve a ganar, entonces nos vamos todos.

Eduardo Sáez Maldonado
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