Comarca del Valle del Guadalhorce
Esta zona está enclavada al Oeste de Málaga capital, accediéndose desde ésta a través del Valle del río que le da nombre a la Comarca, el río Guadalhorce.
Se encuentra situada en un enclave
privilegiado, por su proximidad a Málaga capital, a la Costa del Sol, al Parque
Natural Sierra de las Nieves, al desfiladero de los Gaitanes y al conjunto de
embalses del Chorro, así como a los Montes de Málaga.
Los municipios que lo integran son:
Alhaurín de la Torre, Alhaurín el Grande, Alora, Cártama, Coín, Pizarra y
Valle de Abdalajís, Casarabonela, Almogía, Carratraca, Ardales, Yunquera, Tolox,
Monda, Guaro, con una superficie total de 72.206 Km2 y una población de
derecho de 81.633 habitantes.
Una de las características de esta zona,
es la existencia de microclimas como consecuencia del relieve, las
orientaciones, altura sobre el nivel del mar, llanos, laderas, que hacen que en
esta zona los inviernos sean de los más suaves de la provincia. Esta
característica del clima sin temperaturas extremas, hace que sea un lugar idóneo
para el desarrollo de actividades relacionadas con el turismo tanto cultural,
gastronómico, deportivo.
La actividad de esta zona ha estado
condicionada en gran medida por la riqueza del agua, no se puede hablar de la
gente del Valle del Guadalhorce sin hablar de la cultura del agua, de su uso, de
su aprovechamiento, reparte.., esto junto a la benignidad del clima, la
estructura de la propiedad en minifundios convierten al Valle del Guadalhorce en
la "Hoya de Málaga".
No hay que olvidar que otra de las
características fundamentales de esta zona es "la huerta", ésta ha sido durante
muchos años el modo vivendi de la comarca. Frutales y hortalizas de todo tipo y
en todo tiempo se cosechan en sus huertas.
Ligados a la cultura del agua, se
encuentran numerosos valores paisajísticos, culturales, forestales, como
molinos, acequias, manantiales, así como una artesanía tradicional basada en la
cerámica principalmente.
Este grupo de municipios, se plantea un
objetivo general para la Comarca, el "consolidarla como una zona dinámica y de
elevada calidad de vida", impulsando el desarrollo endógeno y sostenido de la
zona, asegurando la conservación del espacio y de los recursos naturales, para
lo cual se constituye la Asociación " Grupo de Acción Local Valle del
Guadalhorce" el 13 de Agosto de 1.996. Grupo formado no por los Ayuntamientos de
Alhaurín el Grande, Almogía, Alora, Cártama, Coín, Pizarra y Valle de Abdalajís,
además de los agentes económicos y sociales de la comarca y por la Diputación
Provincial.
El valle del Guadalhorce es una comarca privilegiada de
la provincia malagueña. ¿Cuántas veces hemos oído esta aseveración, o hemos
descubierto que esta frase es cierta? Muchas, o por lo menos ese es mi caso. Sin
embargo, cuántas otras veces hemos criticado que muchas de las virtudes de este
valle estén ocultas, bien
por falta de promoción turística, bien por la inoperancia de los gobiernos
locales, provinciales o autonómicos, bien por la desidia de muchos empresarios,
o por la propia voluntad de los ciudadanos. Muchas, o por lo menos ese es mi
caso.
Me gusta decir que la comarca
del Guadalhorce es un valle de privilegios
ocultos. Los responsables de esta afirmación personal son, entre una larga
lista, las precarias carreteras que conectan esta zona con el resto de la
provincia malagueña, que frenan a cualquier visitante a adentrarse en la belleza
de esta zona -ya sé que las carreteras no pueden ser responsables como tal, pero
sí los políticos, que pueden liberar directamente fondos para su mejora o
gestionar y presionar ante sus superiores de partido o de la oposición la
liberación de dichos fondos-; la todavía escasa oferta cultural de los pueblos,
entendiéndose con ello el cierre de monumentos los fines de semana, la falta de
una agenda comarcal de actos o la parca señalización turística; la incorrecta
planificación urbanística, que deriva en que los núcleos urbanos ganen en
modernidad, pero a la vez pierdan su toque pintoresco y rural.
Otro de los factores que influyen en que el valle del Guadalhorce oculte, sin
querer -o sería mejor decir queriendo- sus privilegios es la falta de
aprovechamiento y potenciación de los recursos. Está muy claro que una de las
claves del desarrollo económico de esta comarca en el nuevo siglo
es el turismo, un sector que cada año gana en importancia y que arrastra consigo
a otros, como la hostelería, la restauración, el inmobiliario e incluso la
construcción y sus derivados. Lo que no está tan clara es la oferta que ofrece
esta zona.
Cabe poner un ilustrativo ejemplo, o mejor dos -me permitirán el exceso dado que
con este artículo me estreno en una serie de varios-. El pasado 'puente' festivo
con motivo del Día de Todos los Santos estuve de vacaciones en una casa rural en
El Chorro, uno de los parajes privilegiados del Valle, la provincia e
incluso Andalucía. Allí pude comprobar que la mayoría de las viviendas aledañas
estaban también ocupadas por turistas. Por otro lado, el propietario de la casa
donde me hospedaba nos corroboró la creciente demanda del turismo rural al
comentarnos su proyecto de construir más casitas de alquiler.
Para sorpresa de mis acompañantes, y de otros muchos visitantes, uno de los
muchos atractivos de esta zona natural, el Desfiladero de los Gaitanes, ya no
puede admirarse desde su interior dado el cierre definitivo del centenario
Caminito del Rey. Me alegro de esto último, dado que con ello se impide el
acceso a pie a este punto y con ello los accidentes, mortales en algunos casos.
Sin embargo, lo que no logro entender es que pasen los meses y cientos de
turistas se vayan de El Chorro sin poder acceder a esta antigua oferta porque
las instituciones implicadas no aciertan a comprender que con su inoperancia se
está ocultando un privilegiado atractivo turístico. La restauración del actual
pasaje colgante o la construcción de uno nuevo no puede esperar más tiempo,
porque con ello no se está valorizando este recurso natural y turístico.
Por otro lado, el otro ejemplo de la falta de aprovechamiento y potenciación de
los recursos se debe a lo que me gusta llamar el 'efecto ciudad sin ley'. Como
recordarán estos términos se empleaban en las películas de vaqueros,
entendiéndose con ellos el estado deshabitado en que se encontraba un forajido
la villa cuando hacía su entrada en ella, con pistolas al cuadril y una bola de
hierbas que recorría el plano empujada por el suave viento del oeste incluidos.
Asimismo, de este efecto se deduce que el más fuerte impone su ley en el
poblado, a pesar de existir un sheriff, símbolo de la justicia.
Pues bien, no es raro llegar a un pueblo durante un fin de semana y sentir que
estamos en pleno Oeste, porque no hay un alma por la calle. De esto se deriva
que los bares y demás establecimientos de hostelería puedan estar cerrados, con
lo que el visitante en vez de quedarse en este lugar elija irse a otro en el que
sea recibido de forma más acogedora. En este caso, los empresarios son los que
deben ponerse las pilas y ofrecer a propios y extraños comercios atractivos y
competitivos.
Otro caso del efecto la 'ciudad sin ley' es la precaria y corrupta planificación
urbanística que ofrecen muchos gobiernos locales. Una cosa es lo que consta en
el Plan General de Ordenación Urbana o en las Normas Urbanísticas y otra muy
distinta es lo que resulta de las modificaciones que se realizan, sobre todo si
media una relación de cordialidad entre ciudadano afectado y gobernante.
Asimismo, sin orden y a destajo se empiezan obras en el casco urbano, cortando
calles, ocasionando caos en el ya de por sí caótico tráfico urbano, y ensuciando
las calles con un polvo que ya es demasiado habitual.
Menos mal que el valle
del Guadalhorce brilla
con luz propia. Sin embargo, nos encontramos en un momento crucial que debemos
aprovechar y, además, tenemos la ventaja de que contamos con unos recursos
extraordinarios, que no podemos ocultar. Y esta tarea está en manos de todos.